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La verdad

Hay que pensar la verdad y decir lo que se piensa a quien pueda aprovechar.

1985 -- 3.08.2003 -- 13.08.2014 -- 10.10.2018 -- 8.12.2018 -- 10.11.2019 --- 8.12.2019 --- 9.12.2019 --- 29-30-31.07.2020 --- 3.08.2020, 25.08.2020, 5.09.2020, 8.09.2020, 10.09.2020, etc., si Dios quiere

No hay que darle tanta cancha a Heidegger. Ni a "Carlo Barthe" (Karl Barth). Sí, en cambio, a santo Tomás y a Juan de Santo Tomás

Una lección de san Ignacio

Decir que la verdad es la adecuación del pensamiento humano a la realidad es decir que la composición que el entendimiento hace al formular un juicio, un pensamiento, atribuyendo un predicado a un sujeto, es adecuada a lo que es real fuera del alma y no adecuado a sí misma ("non adaequatur sibi ipsi"), sino igualdad de cosas diversas ("sed aequalitas diversorum est"); de donde primero se halla la la razón de verdad en el entendimiento, donde primero empieza el entendimiento a tener algo que la cosa fuera de la mente no tiene, sino algo que le es correspondiente, entre las cuales puede haber adecuación. El entendimiento cuando forma el concepto de la esencia de las cosas, no tiene más que la semejanza de las cosas existentes fuera del alma, como los sentidos cuando reciben las especies sensibles; pero cuando empieza a juzgar de la cosa aprehendida, entonces el juicio del entendimiento es algo propio suyo, que se halla fuera en la cosa. Pero cuaando es adecuado a lo que hay en la cosa externa, se dice que es verdadero; entonces juzga el entendimiento de la cosa aprehendida cuando dice que algo es o no es, lo que es el entendimiento que compone y divide. Así lo expresa santo Tomás.

«Veri enim ratio consistit in adaequatione rei et intellectus; idem autem non adaequatur sibi ipsi, sed aequalitas diversorum est; unde ibi primo invenitur ratio veritatis in intellectu ubi primo intellectus incipit aliquid proprium habere quod res extra animam non habet, sed aliquid ei correspondens, inter quae adaequatio attendi potest. Intellectus autem formans quidditatem rerum, non habet nisi similitudinem rei existentis extra animam, sicut et sensus in quantum accipit speciem sensibilis; sed quando incipit iudicare de re apprehensa, tunc ipsum iudicium intellectus est quoddam proprium ei, quod non invenitur extra in re. Sed quando adaequatur ei quod est extra in re, dicitur iudicium verum; tunc autem iudicat intellectus de re apprehensa quando dicit aliquid esse vel non esse, quod est intellectus componentis et dividentis» (Santo Tomás de Aquino: De Veritate, q. 1, a. 3, c.)

Y añade que según Aristóteles, la verdad no consiste en la composición que hay en la cosa, sino en la composición que hace el alma.

«Ad tertium dicendum, quod secundum Philosophum, VI Metaph., veritas non consistit in compositione quae est in rebus, sed in compositione quam facit anima» (De Veritate, q. 1, a. 8, ad 3).

En el juicio.

De Veritate, q. 1, a.9, c

Y esto para nada es olvidar el ser, sino al revés, aunque a Heidegger le haya gustado decir lo contrario, faltando totalmente a la verdad: en ese mismo texto anterior es notorio que santo Tomás explica que, antes de juzgar, el entendimiento "forma la esencia de las cosas".

Decir que la verdad es la adecuación del pensamiento humano a la realidad es atenerse a "la fundamental tesis ontológica de la destinación de la potencialidad cognoscitiva a encontrar en la realidad el fundamento constitutivo de su realizarse como verdadero conocimiento, es decir, la fundación de la verdad del conocimiento en la realidad de las cosas".
(Francisco Canals, Sobre la esencia del conocimiento. PPU. Barcelona. 1987. Pág.314).

Y no es equiparar entendimiento y visión, puesto que el intelecto humano, para conocer un ente, produce un concepto inmanente intencionalmente representativo del ente, el verbo mental.

Y no, al decir adecuación "no se significa con ello que sea una copia" de la realidad el pensamiento. Y no, no hay que darle tanta cancha a Heidegger. Ni a "Carlo Barte" (Karl Barth). No nos hace ninguna falta estar en regla con ellos, ni mucho menos demostrar que sus "denuncias" no le alcanzan a santo Tomás, ni pulir nuestras expresiones para evitar que alguien les busque un mal sentido o las quiera tomar a mala parte, como hace ese gran pseudoteólogo y pseudomoralista que es Satanás, el acusador y calumniador.

Dice santo Tomás que lo entendido es primeramente lo que el entendimiento "concibe en sí acerca de la cosa entendida" (De Pot Dei, q. IX, art. 5 in c.).

Y dice que por medio del concepto, o intención entendida, o verbo mental, el entendimiento humano alcanza la cosa; que el concepto del entendimiento es aquello en lo que la cosa es entendida; y que por eso se puede decir, además de que el concepto es entendido, que también es correcto decir que la cosa es entendida, como hace el propio santo Tomás al comienzo de este mismo texto:

"La concepción del entendimiento es media entre el entendimiento y la cosa entendida, porque por medio de ella el entendimiento alcanza la cosa: de aquí que la concepción del entendimiento no es sólo lo que es entendido, sino también aquello por lo que la cosa es entendida, y así puede llamarse lo entendido al concepto y a la cosa misma".
(Santo Tomás de Aquino: De Veritate, q. 4, art. 2, ad 3).

 

 

La verdad de las cosas de la naturaleza la piensa y dice el intelecto humano intencionalmente, cuando el pensamiento que concibe y juzga lo hace acertadamente y no erróneamente, sino adecuadamente. Y la de Dios, nada más que análogamente; y nada menos. Y sin destruir el pensamiento activo y manifestativo con ningún tipo de inmediatez naturalista, que ahora, aquí, explícitamente se excluye, sin haberla jamás implicado. La intencionalidad es una aportación clave y esencial, ciertamente, pero no hay que atribuirla a Brentano, como hace nuestro querido García Morente, puesto que Brentano la tomó de santo Tomás de Aquino, del que se nutrió, no sólo en sus inicios, como se empezaba a nutrir García Morente en sus postrimerías, sin haber llegado aún a esta enseñanza de santo Tomás. Puede ser que Brentano contribuyese, relativamente a lo que había, a que se recuperase la intencionalidad perdida desde la crisis de la Baja Edad Media, pero estaba plenamente en la filosofía verdadera, la de santo Tomás de Aquino. Canals insiste una y otra vez en la intencionalidad, con sobrado motivo, en Sobre la esencia del conocimiento.

"Hallamos en santo Tomás de Aquino explícitamente afirmada la emanación de una intentio intellecta totalmente intrínseca en su originación por la misma actualidad inteligible de una sustancia intelectual pura... a esta intentio intellecta la califica santo Tomás como lo propiamente entendido en el inteligente" (Canals, Sobre la esencia del conocimiento, págs. 205-206).

Por el ser como acto podemos explicar como grados de participación en el mismo aquella escala de los seres que es tesis central en santo Tomás, recibida del Pseudo-Dionisio Aeropagita a la vez que del aristotelismo: "el vivir es para los vivientes su ser" (S.Th.Iª Qu.18, artº 2º, sed contra). Así, el ser da razón del vivir, y el vivir, en su grado más perfecto, da razón de la conciencia y del conocimiento en su intencionalidad objetiva infinita. Por eso santo Tomás dice que, considerados en su concepto, dice más perfección el vivir que el saber, aunque el saber constituye el supremo grado de vida (cfr. S.Th.Iª Qu. 5, artº 2º, ad tertium).
(Tesis 29 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Para comprender qué sea el orden intencional al que Cayetano aludía como "lo que se esforzaba en meter en la cabeza de los que filosofan" (In De anima III, cap. 5), hay que entender, con santo Tomás, que "sentir y entender no son sino cierto ser" (íbid.). El ser intencional, que remedia la finitud entitativa del sujeto (De Ver. Qu. 2, artº 2º, in c.), se constituye como acto que pertenece al sujeto, en la medida en que la no inmersión de la forma en la materia le hace connaturalmente participante de aquella apertura intencional infinita.

Por esto, dijo Aristóteles que "el alma es de algún modo todas las cosas" y que "el entendimiento en acto es lo entendido en acto". Y Cayetano notaba que "el cognoscente se hace más uno con lo conocido que la materia y la forma en un compuesto, porque la materia nunca es la forma, pero el cognoscente, en el orden del ser intencional, se hace lo conocido" (In Primam Qu. 14, artº 1º). Entitativamente el hombre cognoscente no se hace uno con los entes del universo, pero sí "inteligiblemente". De esto, pretende burlarse Suárez, pero así confiesa que "cómo pueda ser dicho inteligiblemente no lo entiendo" (De Anima, disp. V, Qu. II, nº 4).
(Tesis 36 de las
81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Pero Canals hace notar (en Sobre la esencia del conocimiento, 1987, págs. 241, nota 19, 203, 206, 249, 240, 204, etc.) que en Cayetano interfirió el intuicionismo entitativo, por impacto del intuicionismo escotista, de manera que esta contaminación intuicionista de Cayetano es la fuente de la contaminación intuicionista en el tomismo;
por lo cual excluye la locución intelectual cuando no se requiere por la necesidad de alcanzar un objeto ausente, distante u heterogéneo repecto del sujeto. (Canals, ib. pág, 204).
Mientras que Juan de Santo Tomás patentiza la validez universal del quicumque de santo Tomás frente al malentendido intuicionista de Cayetano (Canals, ib. pág, 242 y ss, etc.).


La escisión entre lo entitativo y lo cognoscible, entre el ser y el pensar, desconoce esta caracterización ontológica del conocimiento como acto, y opera la disolución de la realidad obrada por el idealismo. Sólo desde la caracterización ontológica del orden intencional contenida en la metafísica del espíritu pensante que santo Tomás elabora siguiendo a san Agustín y a Aristóteles, puede la filosofía cristiana no sólo resistir, sino superar vigorosamente la seducción de las metafísicas idealistas.

(Tesis 37 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Y en cuanto a la "adecuación", hay que decir y aquí se dice con Juan de Santo Tomás:

"Que los bienaventurados no formen verbo [al ver a Dios cara a cara, por don divino], no es por la excelente perfección de su entender..., sino por la improporción e inadecuación del entender mismo creado con el ser entendido que se expresa en el Verbo divino que se hace presente en el entendimiento de los bienaventurados".
(Curs Theol., IV, Disp. 32, a. 4, nº 52. Texto en
Canals, Sobre la esencia del conocimiento, 1987, págs. 242 y ss.).

"El hombre no puede ver la esencia divina mediante otra facultad cognoscitiva que no sea el entendimiento. Ahora bien: el entendimiento humano no se convierte a lo sensible sino mediante sus imágenes, mediante las cuales recibe de los objetos sensibles las especies inteligibles y con cuya consideración juzga y dispone de lo sensible. Por eso, en toda operación en la que nuestro entendimiento es abstraído de las imágenes es preciso que sea abstraído de los sentidos. Pero el entendimiento humano, en esta vida, ha de ser abstraído de las imágenes si ve la esencia divina, pues ésta no puede ser vista mediante ninguna imagen, ni siquiera por medio de una especie inteligible creada, puesto que la esencia divina sobrepasa infinitamente no sólo a todos los cuerpos a los que corresponden las imágenes, sino a toda criatura inteligible. Y conviene que, cuando el hombre es elevado a la altísima visión de Dios, toda la intención de la mente se eleve a lo alto, de modo que no entienda nada de estas imágenes, sino que se eleve totalmente a Dios. Por eso es imposible que el hombre, en el estadio de esta vida, vea a Dios en su esencia sin que se dé la abstracción de los sentidos" (SANTO TOMAS, Summa Theologiae, II-II, q. 175, a. 4, in c.).

"La misma mente en cuanto se entiende en acto, concibe en sí misma su verbo, que no es otra cosa más que la misma intención inteligible de la mente, llamada también mente entendida, existente en ella. La cual, por amarse también a sí misma, se produce también a sí misma en la voluntad como objeto amado. Pero no procede más allá dentro de sí sino que se encierra en un círculo, cuando por amor vuelve a la misma sustancia de la que había empezado a proceder mediante la intención entendida, habiendo sin embargo procesión hacia los efectos exteriores cuando por amor de sí tiende a hacer algo" (SANTO TOMAS, Summa conta Gentes, 4, 26).

Así como es evidente que el ente es, así también lo es que "la verdad, universalmente considerada, existe" (S.Th.Iª Qu. 2, artº 1º, ad tertium). La verdad trascendental, que significa formalmente la entidad en cuanto adecuada a ser entendida, sigue, en el orden de nuestros conceptos, al concepto de ente, en el que se funda, pero ha de ser afirmada, a su vez, como fundante del conocimiento intelectual verdadero: la entidad de la cosa precede al concepto de verdad, pero el conocimiento es como un efecto de la verdad. La verdad en el entendimiento que juzga es "manifestativa y declarativa del ser" (De Ver. Qu. 1, artº 1º, in c.).
(Tesis 31 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

El no reconocimiento de la experiencia íntima del yo pensante según su ser hace posible el vaciado "logicista" del yo trascendental en el criticismo kantiano, vaciado del que se generarían las metafísicas idealistas.
(Tesis 44 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Porque esta experiencia íntima es la “memoria” en acto, memoria en sentido agustiniano de la que se origina la inteligencia, y por la que la facultad sensible de lo singular “por continuidad con la luz del entendimiento agente” forma las imágenes en las que el entendimiento mismo contempla lo singular sensible, es también la facultad en la que se generan las “intentiones insensatae”, es decir, los contenidos de la conciencia que no le son dados en la inmediatez de lo sensible externo. 
(Tesis 45 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Puesto que Santo Tomás afirma que la misma noción de pretérito a que atiende la memoria ha de ser incluida entre tales “intentiones insensatae”, ha de considerarse en el núcleo de la síntesis de Santo Tomás la doctrina de San Agustín sobre la memoria como autoconciencia del espíritu, en la que se realiza el “recuerdo” como presencia de lo pasado y la expectación del futuro como presencia, en la conciencia humana, de lo porvenir.
(Tesis 46 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

En la tesis veinte de las veinticuatro tesis tampoco se alude al capital principio según el cual "lo singular no repugna que sea entendido en cuanto singular, sino en cuanto material, y así, si algo es singular e inmaterial, como el entendimiento mismo, no repugna que sea entendido" (S. Th. Iª Qu. 86, artº 1º, ad tertium). "Así como se entiende a sí mismo nuestro entendimiento aun siendo un entendimiento singular, así también entiende su acto de entender, que es un acto singular existente en el tiempo y pretérito, presente o futuro" (S.Th.Iª  Qu. 79, artº 6º, ad secundum).
(Tesis 47 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

El olvido de esta inteligibilidad, que no ha de caracterizarse como subjetiva, sino más bien como íntima y personal --sin la que no se daría, en la vida humana, la amistad y la relación familiar, ni en el conocimiento humano las tradiciones comunes, ni la historia, ni la biografía, ni nada de cuanto constituye el entramado de la vida colectiva a través de los tiempos, ni se recordaría en la vida cristiana a los santos, ni se procedería a su "canonización"--, distrae nuestra atención del hecho de que santo Tomás la pensase como de tal modo constituida por la posesión del ser, que afirmase que "volver a su esencia no es otra cosa que subsistir algo en sí mismo" (S.Th.Iª Qu. 14, artº 2º, ad primum).
(Tesis 48 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).

Desatender a esto es una laguna importante que dejaría sin explicar la pertenencia de la intencionalidad cognoscitiva al ser del hombre, que le hace consciente de sí mismo, y no atendería al arraigo del ser inteligible en el ser del hombre, recibido en una forma no inmersa en la materia como es el alma humana.
(Tesis 49 de las 81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003).


Hay que tener en cuenta lo siguiente:

La verdad está principalmente en el entendimiento del que depende su ser, es la adecuación de las cosas al entendimiento del que dependen. Las cosas naturales no dependen de nuestro entendimiento, sino que su ser depende del entendimiento divino (S. Th. 1, 21, a 2 c; S. Th.1, q 16, a 1 ad 3; S. Th.1, q 16, a 5 ad 2; S. Th. 1ª, q 16, a 6 in c ; S. Th. 1, q 16, a 8, in c).

La verdad es la adecuación del pensamiento humano a la realidad de las cosas naturales, es decir las que tienen su causa en Dios. Porque, como explica santo Tomás de Aquino, el entendimiento que es causa de las cosas, es su regla y medida; pero el entendimiento humano toma su ciencia de las cosas naturales, las que él no ha creado, a diferencia de las artificiales que realiza un artífice; y así, la realidad de las cosas naturales es la regla y medida del entendimiento humano; y por consiguiente la verdad del conocimiento humano sobre las cosas naturales consiste en que el entendimiento humano se adecúe a dichas cosas (ib.).

El hombre con su entendimiento racional, a partir de las cosas que forman parte de la naturaleza que le rodea, puede llegar a conocer y demostrar la existencia de Dios e incluso algunas de las verdades fundamentales sobre Dios, de forma indirecta y no adecuada del todo, ni mucho menos, sino analógica, pero con certeza.
Dios es máximamente cognoscible en Sí, pero no lo es para nosotros. Nuestro entendimiento se halla con relación a Dios como el ojo del murciélago respecto al sol.
(Santo Tomás, Summa contra gentes, libro I , Cap. 3; Aristóteles, II libro de la Metafísica, 993b9-12).

Y explica santo Tomás:

"El entendimiento divino se comporta respecto al ente universal como acto de todo ente, pues en el entendimiento divino, que es la esencia de Dios, originaria y virtualmente preexiste todo ente como en su causa primera, y por eso el entendimiento divino no está en potencia, sino que es acto puro. Pero ningun entendimiento creado puede haberse como acto respecto al ente universal, porque sería necesario que fuese ente infinito".
(S. Th., I, q. 79, art. 2 in c.).

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La definición de la verdad como la adecuación del pensamiento a la realidad presupone la primacía de la realidad de las cosas como lugar, no de la verdad entitativa, sino del ser que tiene verdad, del ser que puede ser dicho, o expresado, o pensado, como lugar del ser que causa la verdad de nuestro conocimiento de las cosas, si nuestro pensamiento (opinio) y su expresión (oratio) manifiestan el ser o no ser de las cosas, porque dice santo Tomás:

"Aunque la verdad de nuestro entendimiento es causada por las cosas, no por esto se encuentra primariamente en ellas la razón de verdad..., el ser de las cosas, y no su verdad, es lo que causa la verdad del entendimiento. De donde dice el Filósofo (en De los Predicamentos, c. 3, nº 22) que el pensamiento (opinio) y su expresión oral (oratio) son verdaderos porque las cosas son, y no porque son verdaderas" (S Th 1, 16, 1 ad 3).

"La verdad de nuestro entendimiento consiste en que se conforme con (a) su principio, a saber, con las cosas, de las cuales recibe el conocimiento. La verdad de las cosas consiste también en su conformidad con su principio, esto es, con el entendimiento divino" (S. Th.1, q 16, a 5 ad 2).

"La verdad está prioritariamente en el entendimiento y secundariamente en las cosas en cuanto se ordenan al entendimiento divino" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp. y a 1 ad 3).

"Cuando algo se dice unívocamente de muchos, se halla en cada uno de ellos según su razón propia [con propiedad] ..., pero cuando algo se dice analógicamente de muchos, aquello se halla según su razón propia sólo en uno de ellos, del cual los otros toman nombre" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp).

De donde deduce que la verdad está propiamente en el entendimiento, es propiamente la verdad del entendimiento y secundariamente, analógicamente y por denominación derivada está en la cosa, es la verdad de la cosa; pero es en el entendimiento divino en el que está la verdad propiamente y del que deriva la verdad de las cosas:

"La verdad está propiamente sólo en el entendimiento, las cosas se dicen verdaderas por la verdad que hay en algún entendimiento" (S. Th. 1, q 16, a 8, in c).

"Es por la verdad del entendimiento divino por la que se llaman verdaderas las cosas naturales, aquella es absolutamente inmutable" (ib.)

"La verdad de las proposiciones (los enunciados) no es otra que la verdad del entendimiento, pues la proposición (el enunciado) está en el entendimiento y en las palabras. Según está en el entendimiento, tiene verdad por sí. Pero según está en las palabras, se dice verdadera la proposición (el enunciado) según significa alguna verdad del entendimiento; no porque alguna verdad de la proposición (del enunciado) exista como en sujeto (S. Th. 1, 16, 7 c).

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Como dice Canals, la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad de las cosas, sólo en un primer significado de la palabra verdad. En su significado fundamental u originario, la verdad es lo que es. La verdad es una propiedad trascendental del ente. Las cosas, en cuanto que son, son aptas por sí mismas para ser conocidas. Ente verdadero es el ente adecuado a ser conocido. Como propiedad trascendental del ente, la verdad es un concepto análogo: cada ente tiene verdad en la medida de la perfección de su esencia y de su participación en el acto de ser. Y además la verdad tiene su fuente y su causa primera en Dios mismo con analogía de atribución. Dios es el primer analogado en la línea de la verdad trascendental. (F. Canals, Obras completas, tomo 4A, págs. 32-33).
Es obvio que la verdad es la realidad de las cosas. Conocer el hombre la realidad de una cosa es engendrar el verbo mental que expresa lo que la cosa es, la esencia de la cosa.

La verdad es la realidad de las cosas. La verdad trascendental, que significa formalmente la entidad de cada cosa en cuanto adecuada al entendimiento que creó dicha cosa. Y que es fundante del conocimiento intelectual verdadero. Por lo que la verdad en el entendimiento que juzga es "manifestativa y declarativa del ser" (Santo Tomás: De veritate, q. 1, art. 1º).

La verdad de nuestro pensamiento se basa en que las cosas son, se basa en el ser de las cosas, dice santo Tomás. Además dice que las cosas son verdaderas si se adecúan al intelecto del que dependen: las cosas naturales son verdaderas si se adecúan al intelecto de Dios. La verdad de las cosas naturales es su adecuación al intelecto de Dios. La verdad de las cosas artificiales es su adecuación al pensamiento de su artífice. Conocemos las cosas como son si nuestro pensamiento es adecuado a la realidad de las cosas naturales, las que no hemos creado. Adecuación que sólo puede ser propia y plena respecto a las cosas que nuestro entendimiento humano domina, las de la naturaleza que nos rodea. Pero adecuación sólo analógica respecto a lo que podemos pensar, conocer y decir de Dios, con verdad analógica, no del todo inadecuada, aunque obviamente no adecuada.

El hombre con su entendimiento racional, a partir de las cosas que forman parte de la naturaleza que le rodea, puede llegar a conocer y demostrar la existencia de Dios e incluso algunas de las verdades racionales fundamentales sobre Dios, de forma indirecta y no adecuada, pero tampoco del todo inadecuada, sino analógica, pero cierta. El entendimiento humano no puede llegar por sí mismo a conocer verdades sobrenaturales, las que versan sobre la sustancia divina, porque nuestro entendimiento, en esta vida, obtiene su conocimiento de lo sensible, por medio de los sentidos, actuando intelectualmente sobre ello. Las verdades naturales o filosóficas sobre Dios son ciertas, pero limitadas, no adecuadas, pero tampoco del todo inadecuadas, sino analógicas y conocidas indirectamente, pero con certeza.

Dios es máximamente cognoscible en Sí, dice santo Tomás:

“Como Dios es... enteramente inmune de toda potencialidad, se sigue que es máximamente cognoscitivo y máximamente cognoscible, de manera que su naturaleza en tanto que tiene ser realmente, en tanto le compete la razón de cognoscibilidad” (Santo Tomás de Aquino, De Veritate, II, art. 2).

Ya se entiende que lo de que Dios es máximamente cognoscible es en Sí, no respecto a nosotros (quoad nos). Nuestro conocimiento de Dios es analógico, no del todo adecuado, ni tampoco del todo inadecuado, pero es un conocimiento cierto. Nuestro entendimiento se halla con relación a Dios, que es máximamente cognoscible en Sí, como el ojo del murciélago respecto del sol. Ya se entiende, si se quiere entender y no echarlo a mala parte por alguna sinrazón o complejo.

El que lo dijo bien, como siempre, fue santo Tomás de Aquino:

"Ni el católico ni el pagano conocen la naturaleza de Dios, cual en sí misma es; sino que ambos la conocen bajo alguno de los conceptos de causalidad, supereminencia o remoción, según lo dicho antes [S. Th. I q.12, a.12], y por esto mismo, cuando el gentil dice este ídolo es Dios, puede tomar este nombre Dios con el mismo significado que el católico, al decir que ese ídolo no es Dios".
"Ipsam naturam Dei prout in se est, neque Catholicus neque Paganus cognoscit, sed uterque cognoscit eam secundum aliquam rationem causalitatis vel excellentiae vel remotionis, ut supra dictum est. . Et secundum hoc, in eadem significatione accipere potest gentilis hoc nomen Deus, cum dicit idolum est Deus, in qua accipit ipsum Catholicus dicens idolum non est Deus" (S. Th. I, q. 13 a. 10 ad 5).

Por lo cual, dice Canals:

"No es condición previa de la fe que el católico haya de saber adecuadamente lo que es Dios. Porque, qué sea Dios en sí mismo no llega el hombre a saberlo nunca en el orden del conocimiento racional, con una representación positiva y adecuada, sino sólo por una vía de eminencia, remoción y analogía, como causa del mundo creado... Toda metafísica 'ontoteológica" racionalista conduce lógicamente al panteísmo. Es decir, a la divinización de los elementos del mundo. La razón humana entrevé a Dios como causa creadora del mundo a partir de las cosas creadas, pero no puede formarse representación objetiva adecuada de la naturaleza de Dios en sí misma" (Fco. Canals, Racionalidad humana en la recepción de la fe, conferencia pronunciada en la Semana de la oración de Barcelona en mayo de 1968, publicada en Oración y Teología, 1969. Págs. 19-20).

Y cita allí Canals a mayor abundamiento este otro texto de Santo Tomás de Aquino:

"Sólo entonces conocemos verdaderamente a Dios, cuando creemos que Él está por encima de todo lo que sería posible que el hombre pensara acerca del mismo".
"Tunc enim solum Deum vere cognoscimus quando ipsum esse credimus supra omne id quod de Deo cogitari ab homine possibile est" (Summa contra gentes, libro I , Cap. 5, nº 3).

Este texto dice a continuación:

"Puesto que la substancia divina trasciende el conocimiento natural del hombre, como antes se dijo (en el cap.3). "Porque el hecho de que se proponga como de fe alguna verdad divina trascendente le afirma en el convencimiento de que Dios está por encima de lo que puede pensar.
"Eo quod naturalem hominis cognitionem divina substantia excedit, ut supra ostensum est (cap. 3). Per hoc ergo quod homini de Deo aliqua proponuntur quae rationem excedunt, firmatur in homine opinio quod Deus sit aliquid supra id quod cogitare potest". (Summa contra gentes, libro I , Cap. 5, nº 3).

Y en ese capítulo 3 de la Summa contra gentes dice Santo Tomás de Aquino que también el entendimiento de los ángeles es inadecuado para conocer a Dios por su actividad intelectual natural:

"Hay ciertas verdades de Dios que sobrepasan la capacidad de la razón humana, como es, por ejemplo, que Dios es uno y trino. Otras hay que pueden ser alcanzadas por la razón natural, como la existencia y la unidad de Dios; las que incluso demostraron los filósofos guiados por la luz natural de la razón.

"Es evidentísima, por otra parte, la existencia de verdades divinas que sobrepasan absolutamente la capacidad de la razón humana... porque el entendimiento humano no puede llegar naturalmente hasta su substancia, ya que el conocimiento en esta vida tiene su origen en los sentidos y, por lo tanto, lo que no cae bajo la actuación del sentido tiene imposibilidad de ser aprehendido por el entendimiento humano, sino en tanto es deducido de lo sensible. Mas los seres sensibles no contienen virtud suficiente para conducirnos a ver en ellos lo que la substancia divina es, pues son efectos inadecuados a la virtud de la causa, aunque llevan al conocimiento de que Dios existe y de otras verdades semejantes pertenecientes al primer principio. Hay, en consecuencia, verdades divinas accesibles a la razón humana, y otras que sobrepasan en absoluto su capacidad.

"La capacidad del entendimiento divino es adecuada a su propia substancia. Conoce perfectamente qué es y todo lo que tiene de inteligible. En cambio, el entendimiento angélico no conoce naturalmente lo que Dios es, porque la misma substancia angélica, camino que a Él conduce, es un efecto inadecuado a la virtualidad de la causa.

"Con esto concuerda la afirmación del Filósofo, cuando afirma que nuestro entendimiento se halla con relación a los primeros principios de los entes, que son clarísimos en la naturaleza, como el ojo del murciélago respecto al sol (Aristóteles: II libro de la Metafísica, 993b9-12. [Como los ojos del murciélago respecto a la luz del día, así se comporta el entendimiento de nuestra alma respecto a las cosa que, por naturaleza, son las más evidentes de todas. Ed. Gredos, año 2000, pág. 110]).

"Y la Sagrada Escritura da también testimonio de esta verdad. En el libro de Job se dice:

"¿Crees tú poder sondear a Dios, llegar al fondo de su omnipotencia?" (Job 11,17)

"Y más adelante:

"Mira: es Dios tan grande, que no le conocemos" (Job 36,26).

"Y en San Pablo:

"Al presente, nuestro conocimiento es imperfectismo" (1 Cor 13,9).

"Por consiguiente, no se ha de rechazar sin más, como falso, todo lo que se afirma de Dios, aunque la razón humana no pueda descubrirlo, como hicieron los maniqueos y muchos infieles".
(Summa contra gentes, libro I , Cap. 3).

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El corazón, la memoria
(san Agustín), la conciencia (Canals)

114 El hombre está también en relación consigo mismo y puede reflexionar sobre sí mismo. La Sagrada Escritura habla a este respecto del corazón del hombre. El corazón designa precisamente la interioridad espiritual del hombre, es decir, cuanto lo distingue de cualquier otra criatura:

Dios «ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin» (Qo 3,11).

El corazón indica, en definitiva, las facultades espirituales propias del hombre, sus prerrogativas en cuanto creado a imagen de su Creador: la razón, el discernimiento del bien y del mal, la voluntad libre
(Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae, 34: AAS 87 (1995) 438-440.)

Cuando escucha la aspiración profunda de su corazón, todo hombre no puede dejar de hacer propias las palabras de verdad expresadas por San Agustín:

«Tú lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti».
(San Agustín, Confesiones, I,1: PL 32, 661: «Tu excitas, ut laudare te delectet; quia fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te».))

(Compendio de Doctrina Social de la Iglesia de 2004, http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html)

El kyrios Pantócrator: “Hijo mío, dame tu corazón”

Una mirada contemplativa hacia la Realeza de Cristo
Dom Gérard Calvet
, Demain la Chrétienté, La Cristiandad mañana, Capítulo VII. Traducción de Schola Veritatis. 25.11.2017, InfoCatólica
http://infocatolica.com/blog/schola.php/1711250339-la-mirada-contemplativa-hacia#more34854

Jesús busca primeramente reinar en el secreto del alma. El kyrios Pantócrator -oh milagro incomprensible- cuya mano sostiene el universo, se acerca a su creatura y le murmura: “Hijo mío, dame tu corazón”. Perdonarán a un monje recordar incansablemente la búsqueda presente del reino de los cielos. La realeza del Señor Jesús es cosa dulce e interior, se dirige primero del alma al alma para introducirnos en la intimidad de las personas divinas. Cristo todopoderoso ejerce la realeza mendigando amorSi tú conocieras el don de Dios y quien es el que te habla, dice a la samaritana.

El signo de su realeza es el corazón con una cruz superpuesta. La devoción a Cristo Rey y la devoción al Sagrado Corazón son una misma cosa. Esta devoción nos quiere humildes, amantes y contemplativos, deseosos de ofrecer un corazón totalmente sometido al yugo suave del cual habla el Evangelio, para ser conducidos en la intimidad del Padre por la semejanza del Hijo.

Si es verdad que la realeza de Jesús nos invita primero a una aventura interior donde se hace oír la llamada del silencio y del amor, ¿se sigue acaso que haya que sustraer a la autoridad real del Hijo de Dios el ámbito del arte, de la cultura, el inmenso despliegue de la vida social, la administración, las leyes, los decretos de los Parlamentos? No podemos admitir esto sin pecar gravemente contra Dios y contra los hombres. Contra Dios primero, que merece infinitamente, por su propia excelencia, que todo le sea sometido y consagrado, y que sean reconocidos públicamente sus derechos soberanos sobre la vida de las sociedades. Luego contra los hombres. ¿Qué piden los cristianos a quienes los gobiernan sino que cada parte de su vida moral, de su vida cívica, esté explícitamente referida a la realeza de Aquél que ordena su destino? Los discípulos de Jesús, ¿harán menos bien en este ámbito que los antiguos paganos, para quienes la vida de la ciudad toda entera reposaba sobre la religión?
(Dom Gérard Calvet, Demain la Chrétienté, La Cristiandad mañana, Capítulo VII. Traducción de Schola Veritatis
http://infocatolica.com/blog/schola.php/1711250339-la-mirada-contemplativa-hacia#more34854 )


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La verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad. En el siguiente sentido:

La verdad es la adecuación del pensamiento humano a la realidad de las cosas naturales, es decir las que tienen su causa en Dios. Porque, como explica santo Tomás de Aquino, el entendimiento que es causa de las cosas, es su regla y su medida; pero el entendimiento humano toma su ciencia de las cosas naturales, las que él no ha creado, a diferencia de las artificiales que realiza un artífice; y así, la realidad de las cosas naturales es la regla y la medida del entendimiento humano; y por consiguiente la verdad del conocimiento humano sobre las cosas naturales consiste en que el entendimiento humano se adecúe a dichas cosas.

La verdad [en nuestra mente y en nuestro decir, que es donde está el problema] es la adecuación del pensamiento a la realidad de las cosas naturales, puesto que la verdad en su fundamento originario es obviamente la realidad de las cosas naturales: ya se ha encargado Dios de hacer esa realidad.

Por eso usa santo Tomás de Aquino la definición de Isaac Israelí.
Santo Tomás de Aquino dice que la verdad es la adaequatio rei et intellectus. Adecuación de las cosas a su idea ejemplar en el entendimiento divino (verdad ontológica o trascendental); y adecuación del intelecto humano a la realidad de las cosas naturales (verdad lógica o del conocimiento).

Por consiguiente, no estaba mal decir que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad. Porque la verdad está principalmente en el entendimiento del que depende su ser, es la adecuación de las cosas al entendimiento del que dependen. Las cosas naturales no dependen de nuestro entendimiento, sino que su ser depende del entendimiento divino.

"La verdad consiste en la adecuación del intelecto y la cosa [adaequatio intellectus et rei], como más arriba queda dicho (S. Th 1, q 16, a 1, ad 3: adaequatio rei et intellectus). Ahora bien, el entendimiento que es causa de las cosas, es asimismo su regla y su medida; mas, respecto al entendimiento que toma su ciencia de ellas, sucede todo lo contrario. Por consiguiente, CUANDO LAS COSAS SON REGLA Y MEDIDA DEL ENTENDIMIENTO, LA VERDAD CONSISTE EN QUE EL ENTENDIMIENTO SE ADECÚE A LA COSA, Y ESTO ES LO QUE SUCEDE EN NOSOTROS; pues de que la cosa sea o no sea, depende que nuestro pensamiento (opinio) y su expresión sea verdadero o falso. Pero cuando el entendimiento es regla o medida de las cosas, la verdad consiste en que las cosas se adecúen al entendimiento; como se dice que el artífice hace una obra verdadera, cuando concuerda con su idea artística (S. Th. 1, 21, 2 c).

"Puesto que lo verdadero reside en el entendimiento en cuanto éste se conforma con la cosa entendida, es necesario que la razón de verdadero se derive del entendimiento a la cosa entendida, para así llamar tambien verdadera a la cosa entendida, según que tiene algún orden al entendimiento".
Ahora bien, la cosa entendida puede tener un orden por esencia o por accidente al entendimiento. Por esencia tiene orden al entendimiento del que depende según su ser; por accidente, al entendimiento por el que es cognoscible... Pero como el juicio de una cosa no se basa en lo que tiene por accidente, sino en lo que tiene por esencia, se sigue que una cosa se dice verdadera en absoluto según el orden al entendimiento del que depende. Por eso las cosas artificiales se dicen verdaderas por su orden a nuestro entendimiento, y así se dice que una casa es verdadera cuando alcanza similitud con la forma que está en la mente del artífice... Y semejantemente, las cosas naturales se dicen verdaderas cuando alcanzan similitud con las especies que están en la mente divina, y así llamamos verdadera piedra a la que tiene la naturaleza propia de la piedra según la preconcibió el entendimiento divino.-- Así por tanto, la verdad está principalemte en el entendimiento; secundariamente en las cosas, según que se compara al intelecto como a un principio"
(S. Th 1, q 16, a 1, in c.).

"Dice Isaac [Isaelí] en el libro De definitionibus [citado por Avicena en su Metafísica, tr. 1, c.9] que la verdad es la adecuación de la cosa y del entendimiento, adaequatio rei et intellectus" (S. Th 1, q 16, a 2, arg. 2)

"A la naturaleza del intelecto le compete conformarse con las cosas" (S. Th. 99, 1 c).

¿Se puede condenar que alguien diga que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad? Y, ¿se puede reiterar la condenación para afirmar que la verdad es la adecuación de las cosas al entendimiento? Santo Tomás lo que dice es que eso depende de quién sea el autor de las cosas. Si se trata de la obra de un creador humano como Gaudí, creador genial de la Sagrada Familia, la verdad o el falseamiento y la adulteración de su obra es la adecuación o no de lo realizado a su pensamiento. Y esto sirve para saber si lo realizado en la fachada de la Pasión adultera y falsea la Sagrada Familia de Gaudí: basta comparar las esculturas que se han colocado en la fachada de la Pasión con las que se colocaron bajo la dirección personal de Gaudí en la fachada del Nacimiento y con los dibujos de Gaudí que esbozan esas esculturas de la fachada del Nacimiento.

En cuanto a la verdad del pensamiento humano respecto a las cosas de las que tomamos nuestra ciencia o conocimiento, que es a lo que se refiere obviamente el presente redactor que afirma que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad, resulta que así es, según explica santo Tomás, porque el hombre no es su creador. El que niega la verdad es, más que agnóstico y ateo negativo, panteísta, ateo positivo, suplantador de Dios como creador, y, como decía Aristóteles, materialista por reducir la realidad a las cosas materiales y negar que exista un entendimiento en acto puro, noesis noéseos, noesis noeseos, que ante todo es su propio ser subsistente en acto puro, creador de todo lo demás.

Y de esto se trata en toda la historia de la filosofía, de negar o no la posibilidad del conocimiento humano de la verdad, negar o no la capacidad del entendimiento para conocer la realidad de lo que hay en la naturaleza incluido el hombre, negar o no incluso la realidad misma de todo ello, para aceptar o no aceptar la realidad de la existencia del que lo ha creado, conocida por la luz de la razón natural a partir de la realidad de las cosas naturales; y encerrarse en el materialismo y en el aparente y contradictorio escepticismo, estéril, aniquilador y dogmático.

En toda la historia de la filosofía se trata de aceptar o no aceptar la realidad y la demostración de la existencia del que ha creado las cosas naturales, conocida por la luz de la razón natural a partir de la realidad de las cosas naturales

Creer es pensar con asentimiento en el sentido propio de pensar

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Nuestro entendimiento, a diferencia del divino, tiene que ser informado por las formas de las cosas para entenderlas, explica santo Tomás de Aquino:

"Pensar en sentido propio significa la consideración del entendimiento que conlleva cierta búsqueda o inquisición antes de llegar a la perfecta inteligencia por la certeza de la visión. En este sentido lo toma San Agustín al afirmar en De Trinitate, XV, que el Hijo de Dios no se llama pensamiento de Dios, sino Verbo de Dios. En efecto, nuestro verbo surge solamente cuando el pensamiento llega a saber y es informado por las cosas que conoce. Por eso el Verbo de Dios debe entenderse sin la cogitación, pues en él no hay nada formable y que pueda ser informe. Según eso, pensar se llama propiamente el movimiento de la mente que delibera cuando todavía no ha llegado a la perfección por la visión plena de la verdad. Pero ese movimiento de la mente cuando piensa puede versar, bien sobre las intenciones universales, en cuyo caso pertenece a la parte intelectiva; bien sobre representaciones particulares, lo cual pertenece a la parte sensitiva; de ahí que, en el segundo sentido, pensar es acto de la inteligencia que indaga, y en el tercer sentido, es acto de la facultad cogitativa" (Santo Tomás, Suma Theologiae, IIª-IIae q. 2 a. 1).

"En nuestra mente las formas de las cosas determinadas están sólo en potencia, mientras que en las cosas fuera del alma están en acto; y según esto se afirma en nuestra mente el entendimiento posible, al que compete recibir las formas abstraídas de las cosas sensibles, hechas inteligibles en acto por la luz del entendimiento agente”. (Santo Tomás, Quaestio Disp. De Veritate X, art. 6, c).

“El alma intelectual es ciertamente inmaterial en acto, pero está en potencia respecto a las especies determinadas de las cosas. En cambio, las imágenes, a la inversa: son ciertamente semejanzas actuales de algunas especies, pero son inmateriales en potencia. Por lo cual nada impide que una y la misma alma, en cuanto es inmaterial en acto, tenga cierta virtud por la cual haga cosas inmateriales en acto abstrayendo de las condiciones individuales de la materia (virtud que se llama entendimiento agente) y otra virtud receptiva de tales especies, que se llama entendimiento posible, en cuanto está en potencia para con tales especies” (Santo Tomás, S. Th. I, q. 79, art. 4, ad 4).

“Aunque el ser recibido en una esencia compuesta de principios esenciales sea especificado por éstos, sin embargo, por el hecho de ser especificado no recibe ninguna perfección, sino que más bien se rebaja y desciende a un ser relativo, por cuanto ser hombre o ser ángel no es una perfección en sentido simple.
“Y esto es lo que frecuentísimamente clama Santo Tomás, y los tomistas no quieren oír: que el ser es la actualidad de todas las formas o naturalezas, y que en ninguna cosa se encuentra a modo de recipiente o perfectible, sino a modo de recibido y perfeccionante de aquello en que es recibido; mientras que él, por el mismo hecho de ser recibido, se rebaja y, por así decir, se imperfecciona”.
(Domingo Báñez, Comentario a la Primera parte de la Suma Teológica, In I, q. 3, art. 4).

“El ser mismo es lo más perfecto de todas las cosas; pues se compara con todas a modo de acto. Ya que nada tiene actualidad sino en cuanto que es; por lo que el ser es la actualidad de todas las cosas e incluso de las mismas formas, de modo que no se compara con las otras cosas como el recipiente con lo recibido, sino más bien como lo recibido con el recipiente. Pues, cuando digo el ser del hombre o del caballo o de cualquier otra cosa, este ser se considera como formal y recibido, y no como aquello a lo que compete ser”. (Santo Tomás, S. Th. I, q. 4, art. 1, ad 3).

“Las perfecciones de todas las cosas pertenecen a la perfección del ser; pues una cosa es perfecta en cuanto que tiene el ser en cierta medida” (Santo Tomás, S. Th. I, q. 4, art. 2, ad 2).
Cfr. q. 7, art. 1, c.; q. 8, art. 1, c.; etc.

Y "esto que Santo Tomás clama frecuentísimamente ... es el verdadero núcleo de su síntesis metafísica, y lo que da sentido, por ejemplo, a la célebre tesis de la “distinción real” de esencia y existencia" (Canals).

"Entonces, sólo a la luz del concepto de ente, como participante del “ser” (“ser” que es acto y perfección, nunca recipiente y perfectible, y siempre perfectivo y recibido) adquiere, asimismo, su sentido la ontología del conocimiento de Santo Tomás" (Canals).

"La substancia inmaterial finita es, por su misma finitud, potencial en orden a su perfección inteligible. Esta potencialidad exige la inherencia, a modo de “accidentes entitativos”, de los principios formales por los que se hace “otra” y trasciende su propia finitud. Pero el conocer en cuanto tal no consiste en aquella inherencia, sino en la identificación entre el cognoscente y lo conocido. El alma cognoscente “se hace todas las cosas” y su misma naturaleza se enriquece infinitamente por ello con una perfección a la cual su inmaterialidad entitativa la ordena intrínsecamente, porque la inherencia de las formas de las otras cosas sólo puede ser especificativa de la asimilación consciente de lo otro como otro, en cuanto la substancia tenga, en su misma naturaleza, la misteriosa “transparencia” que denominamos intelectualidad; constituida, ontológicamente, por la inmaterialidad misma de la forma" (Canals).

“Algo es inteligible en acto por el hecho de ser inmaterial” (Santo Tomás, S. Th. I, q. 79, art. 3, c.).

Por eso, el entendimento en acto es lo entendido en acto.

Lo inteligible en acto es el entendimiento en acto. En cuanto que lo inteligible se distingue del entendimiento, en cambio, están ambos en potencia” (Santo Tomás, Contra Gentes, I, c. 51).

Si antes ha afirmado Santo Tomás (Contra Gentes, IV, c. 14) la primacía de lo inteligible y entendido, es decir, del ente según su “esencia”, sobre el entendimiento, y que la “verdad”, relación del cognoscente a la cosa conocida, “se funda en el ente”, afirmará ahora, recíprocamente, que la relación de la ciencia con lo escible es consiguiente a la acción del que sabe” (Santo Tomás, Contra Gentes, IV, c. 14).

Antes ha afirmado Santo Tomás que la “verdad”, relación del cognoscente a la cosa conocida, “se funda en el ente

Ahora afirma recíprocamente que “la relación de la ciencia con lo escible es consiguiente a la acción del que sabe” (Santo Tomás, Contra Gentes, IV, c. 14).

"El alma es en cierto modo todas las cosas, pues es apta para conocerlas todas” (Santo Tomás, De Veritate, II, art. 2, c.).

"El mismo “ser” entitativamente limitado por su “esencia” es, sin embargo, infinito en su actualidad manifestativa (Canals).

"El espíritu creado, imagen del “Ser” subsistente y “Luz” subsistente (por el “ser” que posee en sí), no aspira únicamente a la intelección de su propia esencia (a pesar de que es ésta su primer y connatural objeto), ni tampoco a una infinitud “horizontal”, homogénea con su propia naturaleza; la plenitud luminosa de su ser se constituye, como connaturalidad y manifestatividad respecto al ente universal, por la tensión y ordenación radical del ente inmaterial hacia la participación y semejanza del “Ser” infinito y subsistente" (Canals).

La manifestatividad es de la razón misma del entender; por esto la verdad que está, primordialmente, en el entendimiento (S. Th. I, q. 16, art 1; etc.), como término de su acto perfecto, está en él como “manifestativa y declarativa del ser” (Ibid), y se convierte con el ente “como lo manifestativo con lo manifestado” (Ibid).
Para Santo Tomás, la “verdad, manifestativa del ser”, es, en tanto que brota del acto intelectual, el “verbo mental”. Por esto el “verbo mental” (lo “primeramente y por sí entendido”, declarativo del “ser”) nace del entendimiento “como luz de luz”. La formación del verbo mental no es un “movimiento” de la potencia al acto, sino “proceso perfecto de acto a acto, en el que no se requiere otra especie de movimiento” (Op. De natura verbi, c. 1, 4). El verbo (“razón entendida”, “verdad del entendimiento”, etc.) nace del inteligente en acto “como nace un acto de un acto, como el resplandor de la luz” (Santo Tomás, Contra Gentes, IV, c. 14). (Canals).

Santo Tomás, al explicarnos con San Agustín la intelección de la mente por sí misma, que la constituye en imagen de la vida íntima de Dios, nos habla de una participación de la “Verdad inviolable” por la que tienen consistencia absoluta y validez eterna y universal nuestros juicios objetivos. Cuando Santo Tomás dice que el entendimiento juzga de la verdad, no por algunos inteligibles que existan fuera de él mismo, sino por la luz del entendimiento agente que hace los inteligibles, no afirma, la primacía del entendimiento “subjetivo”, sino la primacía de Dios, “Ser subsistente”, “Luz inteligible” que no existe “fuera” de ninguna criatura, sino que está íntimamente presente a todo ente “según el modo en que tiene ser”. Y, así, está presente en la luz inteligible participada que es, en el hombre, el “acto” que manifiesta y declara el ser al expresar la esencia del ente. Luz radicada en lo más íntimo del hombre, como constituida por la actualidad inteligible propia de su mismo ser, el acto que da a cuanto de él participa -entitativa e inteligiblemente- la consistencia y estabilidad de la verdad: “Mientras una cosa tiene ser, es necesario que Dios la asista en cuanto que tiene ser. Pues el ser es lo más íntimo para cada cosa y lo más profundo que hay en ella, ya que es formal respecto de todo lo que hay en la cosa”. (S. Th. I, q. 8, art. 1, in c.)

“Como Dios es... enteramente inmune de toda potencialidad, se sigue que es máximamente cognoscitivo y máximamente cognoscible, de manera que su naturaleza en tanto que tiene ser realmente, en tanto le compete la razón de cognoscibilidad” (Santo Tomás, De Veritate, II, art. 2).

Ya se entiende que lo de que Dios es máximamente cognoscible es en si. No respecto a nosotros (quoad nos). Nuestro conocimiento de Dios es analógico, es un conocimiento cierto, eso sí, pero analógico. Ya se entiende, si se quiere entender y no echarlo a mala parte por alguna sinrazón.

“El ente en potencia es como algo medio entre el puro no ente y el ente en acto”. (Santo Tomás, In Phys. I, lect. 9).

“Volverse hacia la propia esencia no es otra cosa que subsistir la cosa en sí misma. Pues la forma, en cuanto perfecciona la materia dándole el ser, en cierto modo se derrama por ella; en cambio, en cuanto tiene el ser en sí misma, vuelve hacia sí” (S. Th. I, q. 14, art. 2, ad 1).

Este texto afirma la primacía del acto que se da, “en el género de los inteligibles”, en cada una de las substancias intelectuales, y precisamente en razón de su intimidad (Canals).

Canals, La luz del entendimiento agente en la ontología del conocimiento de Santo Tomás de Aquino http://www.riial.org/espacios/sitio/conocimiento.pdf

"Es imprescindible tener presente el texto de Aristóteles, básico al respecto del entendimiento agente, De Anima, III, c. 5". (Canals).

Sellés http://revistas.ucm.es/index.php/ASEM/article/viewFile/40406/38762

Santo Tomás, STh I q 87 art 1, 2, 3, 4 http://es.catholic.net/op/articulos/16462/cat/519/sobre-como-el-alma-se-conoce-a-si-misma-y-como-conoce-lo-que-hay-en-ella.html#modal

Irízar http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S1794-44492012000100014&script=sci_arttext&tlng=en

http://hjg.com.ar/sumat/a/c87.html

 

Suma teológica - Parte Ia - Cuestión 85 http://hjg.com.ar/sumat/a/c85.html

Suma teológica - Parte Ia - Cuestión 87 http://hjg.com.ar/sumat/a/c87.html

Entonces podemos decir o expresar las cosas. Y sabemos, conocemos, las cosas. Nuestro verbo surge:

"Nuestro verbo surge solamente cuando el pensamiento llega a saber y es informado por las cosas que conoce".

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Dice Canals en la 31 de las 81 tesis tomistas que propuso en RIIAL en 2003 [que incluyen las Veinticuatro tesis tomistas de 1914 y las 27 de 2001] y que era la 12 de las 27 tesis tomistas que propuso en 2001 como suplemetarias de las veinticuatro tesis tomistas:

31ª/12ª -"Así como es evidente por sí que el ente es, así también lo es el que la verdad, universalmente considerada, existe" (S. Th. Iª, Qu. 2, artº 1º, III). La verdad trascendental, que significa formalmente la entidad en cuanto adecuada al entendimiento, sigue, en nuestra conceptuación objetiva, al concepto de ente, en el que se funda, pero ha de ser afirmada como fundante del mismo conocimiento intelectual verdadero: "la entidad de la cosa precede al concepto de verdad, pero el conocimiento es como un efecto de la verdad". La verdad en el entendimiento que juzga es "manifestativa y declarativa del ser" (De ver. Qu. 1, artº 1º).

La síntesis filosófica de santo Tomás de Aquino [y 27 tesis tomistas suplementarias] .............. conferencia del 26 de enero de 2001, CRISTIANDAD nº 839-840, mayo-junio de 2002, pp. 34-41

Algunas tesis características de la síntesis filosófica de Santo Tomás [81 tesis tomistas propuestas por Canals en 2003 en RIIAL, incluyendo las 24 de 1914 y las 27 de 2001]

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Prima ergo comparatio entis ad intellectum est ut ens intellectui concordet: quae quidem concordia adaequatio intellectus et rei dicitur; et in hoc formaliter ratio veri perficitur. Hoc est ergo quod addit verum super ens, scilicet conformitatem, sive adaequationem rei et intellectus; ad quam conformitatem, ut dictum est, sequitur cognitio rei. Sic ergo entitas rei praecedit rationem veritatis, sed cognitio est quidam veritatis effectus. Secundum hoc ergo veritas sive verum tripliciter invenitur diffiniri. Uno modo secundum illud quod praecedit rationem veritatis, et in quo verum fundatur; et sic Augustinus diffinit in Lib. Solil.: verum est id quod est; et Avicenna in sua Metaphysic.: veritas cuiusque rei est proprietas sui esse quod stabilitum est ei; et quidam sic: verum est indivisio esse, et quod est. Alio modo deffinitur secundum id in quo formaliter ratio veri perficitur; et sic dicit Isaac [Liber de deffinitionibus] quod veritas est adaequatio rei et intellectus; et Anselmus in Lib. de veritate [cap. 11]: veritas est rectitudo sola mente perceptibilis. Rectitudo enim ista secundum adaequationem quamdam dicitur, et Philosophus dicit IV Metaphysicae, quod diffinientes verum dicimus cum dicitur esse quod est, aut non esse quod non est. Tertio modo diffinitur verum, secundum effectum consequentem; et sic dicit Hilarius, quod verum est declarativum et manifestativum esse; et Augustinus in Lib. de vera Relig.: veritas est qua ostenditur id quod est; et in eodem libro: veritas est secundum quam de inferioribus iudicamus (Santo Tomás: De veritate, q. 1, art. 1º, c).

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"La verdad consiste en la conformidad del entendimiento o de la palabra con la cosa".

"Veritas consistit in commesuratione intellectus vel sermonis ad rem".
(Santo Tomás, Suma contra los gentiles, III, c. 139).

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POSICIONES EXTRAÑAS

"Las opiniones de este tipo, que destruyen los principios de alguna parte de la Filosofía, se llaman posiciones extrañas, como la negación del movimiento, que destruye los principios de la Filosofía de la naturaleza. A la afirmación de tales tesis son llevados algunos hombres en parte ciertamente por protervia y en parte por argumentaciones sofísticas, que no son capaces de superar"
(Santo Tomás: Quaestiones disputatae, De malo, q. 6, c).

La negación del movimiento es la alternativa absurdamente suicida de los que niegan esta vía demostrativa de la existencia de Dios. Pero ya Aristóteles les decía a los del sistema del permanente devenir que si un ser deviene "es indispensable que aquello de donde sale y aquello que le hace devenir tengan una existencia, y que esto no continúe así hasta el infinito". [Si no, no hay causa del devenir, y no hay devenir].

Aristóteles constata que los que creen en el perpetuo movimiento, porque lo ven en la naturaleza sensible, "pensaron que no se puede determinar nada verdadero sobre lo que muda sin cesar y en todos los sentidos. De estas consideraciones nacieron otras doctrinas llevadas más lejos aún. Por ejemplo, la de los filósofos que se dicen de la escuela de Heráclito; la de Cratilo, que llegaba hasta creer que no hay que decir nada. Se contentaba con mover un dedo" (ib.). "Pretender que el ser y el no-ser existen simultáneamente es admitir el eterno reposo, más bien que el movimiento eterno. No hay, en efecto, cosa alguna en que puedan transformarse los seres, puesto que todo existe en todo" (ib.).

Los que han impuesto en la modernidad la negación social de la fe en Dios lo que han conseguido es que en la posmodernidad se pierda la fe en la razón. Han destruido los principios no de la Religión, sino de todas las partes de la Filosofía. Unos por protervia y otros por no poder superar los argumentos sofísticos de esa protervia.

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Santo Tomás de Aquino:

"Los antiguos filósofos no decían que las especies de las cosas naturales procedan de algún entendimiento, sino que provienen del azar; y como consideraban que lo verdadero dice relación («lleva consigo la comparación») con el entendimiento, concluían que la verdad de las cosas consiste en su relación con nuestro entendimiento. De lo cual se seguían los inconvenientes que señala el Filósofo en el Libro IV de la Metafísica [Methaphys. 4, c. 5, n.1 (BK 1009a8); c. 6 (BK 1011a3): Sto. Tomás: Lect. 9-15, n. 661-719; item Metaphys. 10, c. 6 (BK 1062b12): Sto. Tomás: Lect. 5, n. 2224]. Pero estos inconvenientes desaparecen si admitimos que la verdad de las cosas consiste en su relación con el entendimiento divino" (S. Th. 1, 16, 1 ad 2).

Esos inconvenientes los indica santo Tomás en el enunciado de la dificultad o videtur quod nº 2:

"Nada sería verdadero más que en cuanto conocido, que es el error de aquellos antiguos filósofos que sostenían que es verdadero todo lo aparente; de donde se sigue que es simultáneamente verdadero lo contradictorio, ya que cosas contradictorias pueden parecer simultáneamente verdaderas a distintos opinantes" (S Th 1, 16, 1 vid. 2).

En S.Th. 1, 85, 2 c:

Hubo quienes opinaron que nuestras facultades cognoscitivas no conocen más que las propias afecciones; que el sentido, por ejemplo, no conoce más que la afección de su órgano. Y, en este supuesto, el entendimiento no entendería más que su propia modificación, es decir, la especie inteligible recibida en él. Y, según esto, son estas especies el objeto de su intelección. Mas esta opinión es evidentemente falsa por dos razones. Primero, porque los objetos que entendemos son los mismos que constituyen las ciencias... Segundo, porque se seguiría el error de los antiguos que decían que "es verdadero todo lo aparente" [cf. ARISTÓTELES, Metaphysica, 4, c. 5, n. 1 (BK 1009a6): Sto. Tomás, lib. 4, lect. 9, n. 6661; PLATÓN, Theaeteto, c. 8 ss.]; de modo que lo contradictorio sería simultáneamente verdadero. Pues, si una potencia no conoce más que su propia afección, solamente de ella juzga. Ahora bien, una cosa parece, según como es afectada la potencia afectiva. Luego el juicio de la potencia cognoscitiva tendría siempre por objeto aquello de que juzga, es decir, su propia afección tal como es; y, en consecuencia, todos sus juicios serían verdaderos. Por ejemplo, si el gusto no siente sino su propia impresión, cuando alguien tiene el gusto sano y juzga que la miel es dulce, formará un juicio verdadero; y de igual modo juzgaría con verdad el que, por tener el gusto estragado, afirmase que la miel es amarga; pues ambos juzgan en conformidad con la afección de su gusto. De donde se deduciría que todas las opiniones son igualmente verdaderas y en general, toda percepción".

Aristóteles nos da la clave cuando genialmente dice que "lo que motiva la opinión de estos filósofos es que, al considerar la verdad en los seres, no han admitido como seres más que las cosas sensibles" (Metaphysica, 4, c. 5).

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El Papa Benedicto XVI enseña:

«Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por eso decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad’  y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas».
(
http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=33591 ).

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La definición de la verdad como la adecuación del pensamiento a la realidad presupone la primacía de la realidad de las cosas como lugar, no de la verdad entitativa, sino del ser que tiene verdad, del ser que puede ser dicho, o expresado, o pensado, como lugar del ser que causa la verdad de nuestro conocimiento de las cosas, si nuestro pensamiento (opinio) y su expresión (oratio) manifiestan el ser o no ser de las cosas, porque dice santo Tomás:

"Aunque la verdad de nuestro entendimiento es causada por las cosas, no por esto se encuentra primariamente en ellas la razón de verdad..., el ser de las cosas, y no su verdad, es lo que causa la verdad del entendimiento. De donde dice el Filósofo (en De los Predicamentos, c. 3, nº 22) que el pensamiento (opinio) y su expresión oral (oratio) son verdaderos porque las cosas son, y no porque son verdaderas" (S Th 1, 16, 1 ad 3).

"La verdad de nuestro entendimiento consiste en que se conforme con (a) su principio, a saber, con las cosas, de las cuales recibe el conocimiento. La verdad de las cosas consiste también en su conformidad con su principio, esto es, con el entendimiento divino" (S. Th.1, q 16, a 5 ad 2).

"La verdad está prioritariamente en el entendimiento y secundariamente en las cosas en cuanto se ordenan al entendimiento divino" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp. y a 1 ad 3).

"Cuando algo se dice unívocamente de muchos, se halla en cada uno de ellos según su razón propia [con propiedad] ..., pero cuando algo se dice analógicamente de muchos, aquello se halla según su razón propia sólo en uno de ellos, del cual los otros toman nombre" (S. Th. 1ª, q 16, a 6 resp).

De donde deduce que la verdad está propiamente en el entendimiento, es propiamente la verdad del entendimiento y secundariamente, analógicamente y por denominación derivada está en la cosa, es la verdad de la cosa; pero es en el entendimiento divino en el que está la verdad propiamente y del que deriva la verdad de las cosas:

"La verdad está propiamente sólo en el entendimiento, las cosas se dicen verdaderas por la verdad que hay en algún entendimiento" (S. Th. 1, q 16, a 8 resp).

"Es por la verdad del entendimiento divino por la que se llaman verdaderas las cosas naturales, aquella es absolutamente inmutable" (ib.)

"La verdad de las proposiciones (los enunciables) no es otra que la verdad del entendimiento, pues la proposición (el enunciable) está en el entendimiento y en las palabras. Según está en el entendimiento, tiene verdad por sí. Pero según está en las palabras, se dice verdadera la proposición (el enunciable) según significa alguna verdad del entendimiento; no porque alguna verdad de la proposición (del enunciable) exista como en sujeto (S. Th. 1, 16, 7 c).

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Y todavía está la verdad en sentido moral o veracidad, que es la adecuación de lo que se dice con lo que se piensa.

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San Juan Pablo II enseña en la encíclica Fides et Ratio, nº. 56, que "La verdad es el resultado de la adecuación del intelecto a la realidad objetiva":

"En definitiva, se nota una difundida desconfianza hacia las afirmaciones globales y absolutas, sobre todo por parte de quienes consideran que la verdad es el resultado del consenso y no de la adecuación del intelecto a la realidad objetiva". (Encíclica Fides et Ratio, 14-IX-1998, nº. 56, L' Oss. Rom. en castellano, 16-X-1998)

Y en el nº 82 menciona, entre las exigencias que debe cumplir la filosofía para estar en consonancia con la palabra de Dios:

"Verificar la capacidad del hombre de llegar al conocimiento de la verdad; un conocimiento, además, que alcance la verdad objetiva, mediante aquella adaequatio rei et intellectus a la que se refieren los Doctores de la Escolástica".

Y en nota (la 99 de la Enc.) añade:

"Cf. por ejemplo santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, 16, 1; San Buenaventura, Coll. in Hex., 3, 8, 1".

Éste último dice ahí:

"¿Qué cosa es la verdad según la definición? «Adecuación del entendimiento y la cosa entendida», de aquel entendimiento, digo, que es causa de la cosa, no de mi entendimiento, que no es causa de la cosa.- Esta adecuación es verdadera cuando la cosa es tanta, tal, relacionada, agente, paciente, entonces, dónde, cuando tiene situación, según las diferencias de los predicamentos. Porque entonces son verdaderas las cosas cuando son en la realidad o en el universo, como son en el arte eterno o como son expresadas en él. Y una cosa es verdadera en cuanto que se adecúa al entendimiento que la causa" (Obras de san Buenaventura, BAC, III).

"San Buenaventura distingue tres géneros de verdad: la ontológica (veritas rerum), la lógica o formal (adecuada expresión que la inteligencia forma del objeto conocible) y la de signo (perfecta correspondencia de la palabra con los pensamientos o de las realidades que se expresan). Por vía analógica se extiende a Dios y a las criaturas" (Lexicon bonaventuriano, voz verdad, ib.).

"Así pues, nosotros vemos estas cosas que Vos habéis habéis hecho, porque ellas existen; pero en Vos es al contrario; si ellas tienen ser, es porque Vos las veis" (San Agustín, Las Confesiones, final, cit. por R Garrigou-Lagrange, O. P., La Naturaleza de Dios, pág. 357. )

Garrigou dice también que para la "miseria intelectual" contemporánea,

"la razón, en vez de ser medida o mensurada por las cosas, se convierte en legisladora de las cosas y absolutamente autónoma" (ib., pág. 343).

También el P. Bover, S.I. usa la misma definición de verdad :

"La verdad, armonía del pensamiento con la realidad". (Nota de J. Mª Bover, S.I. en Jn 8, 32 en su versión del Nuevo Testamento, Biblia de Bover-Cantera de la BAC).

También Antonio Millán Puelles citando a Maeztu, o Maeztu según Millán Puelles:

"Santo Tomás dice que la verdad es la adecuación del entendimiento a la cosa", dice Ramiro de Maeztu, Obras Completas, pág. 1115; citado por Antonio Millán Puelles en su conferencia "En torno al pensamiento filosófico de Maeztu", de 24-4-1998 en Pamplona, dentro de las XXXVII REUNIONES FILOSÓFICAS.

La definición completa y exacta de santo Tomás proviene de Isaac Isreli (Isaac Isreli Ben Solomon Abu Ya'qub Ishaq ibn Sulayman al-Isra'ili, 855-955), del que la tomó Avicena y de éste santo Tomás:

«Veritas est adaequatio rei et intellectus»
(De definitionibus, cit. por Avicenna, Metaphysica, tr. 1, c. 9; y cit. por Santo Tomás de Aquino, S Th, 1 q. 16, a. 1c y a. 2 arg. 2)

Santo Tomás de Aquino, De Veritate q.1, a.1:

“Et sic dicit Isaac, quod veritas est adaequatio rei et intellectus”.

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LA VERDAD SEGÚN SANTO TOMÁS

“El ser de las cosas, y no su verdad, es lo que causa la verdad en el entendimiento” (esse rei, non veritas eius, causat veritatem intellectus)
(S.Th. I, q.16, a.1 ad 3).

S TH 1 q.16 a.1, en el cuerpo (respondeo):

"Puesto que lo verdadero reside en el entendimiento en cuanto este se conforma a la cosa entendida, es necesario que la razón de verdadero se derive del entendimiento al objeto que conoce, para llamar también verdadera la cosa conocida por el orden que dice al entendimiento («según que tenga algún orden al entendimiento»).
(S.Th. I, q.16, a.1, in c).

"Ahora bien, el orden o relación que las cosas («dicen») tienen a algún entendimiento puede ser esencial («per se») o accidental. Por esencia («per se») dicen orden al entendimiento del que depende su ser, y accidentalmente al entendimiento por el que son cognoscibles".
(S.Th. I, q.16, a.1, in c).

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"Pero como el juicio sobre una cosa no se basa en lo que tiene de accidental, sino en lo que tiene de esencial, síguese que las cosas se dicen verdaderas en absoluto, según el orden al entendimiento DEL QUE DEPENDEN".
(S.Th. I, q.16, a.1, in c).

.........................................................

"Por eso, las cosas naturales se dice que son verdaderas, según la similitud que alcancen con las especies que hay en la mente divina, y así llamamos verdadera piedra a la que tiene la naturaleza propia de la piedra según la preconcibió el entendimiento divino. Por tanto, la verdad está principalmente en el entendimiento y secundariamente en las cosas, en cuanto se comparan con el entendimiento como con un principio".
(S.Th. I, q.16, a.1, in c).

[Lo mismo que dice san Buenaventura en Coll. in Hex., 3, 8, 1", Obras, BAC, III].

San Agustín dice lo mismo:

"Así pues, nosotros vemos estas cosas que Vos habéis habéis hecho, porque ellas existen; pero en Vos es al contrario; si ellas tienen ser, es porque Vos las veis"
(San Agustín, Las Confesiones, final, cit. por R Garrigou-Lagrange, O. P., La Naturaleza de Dios, pág. 357).

Garrigou dice también que

para la "miseria intelectual" contemporánea, "la razón, en vez de ser medida o mensurada por las cosas, se convierte en legisladora de las cosas y absolutamente autónoma" (ib., pág. 343).

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"LA VERDAD SEGÚN QUE ESTÁ EN EL ENTENDIMIENTO":

San Agustín:

"La verdad es lo que manifiesta lo que es" (De vera relig., c.36: ML 34,151).

San Hilario:

"La verdad es lo declarativo o manifestativo del ser" (Ex l.5; De Trin. n.14: ML 10,131).

"LA VERDAD DE LA COSA SEGÚN SU ORDEN AL ENTENDIMIENTO":

San Agustín:

"La verdad es la perfecta similitud al entendimiento sin desemejanza alguna" (ib., l c.: ML 34,152)

San Anselmo:

"La verdad es la rectitud que sólo el entendimiento puede percibir, pues recto es lo que concuerda con su principio" (De verit. c.11: ML 158,480).

Avicena:

"La verdad de cada cosa es la propiedad de su ser tal como le ha sido establecido (Metaphys. tr. 8, c. 6).

"SEGÚN AMBOS ASPECTOS, LA VERDAD ES LA ADECUACIÓN DE LA COSA Y DEL ENTENDIMIENTO"

Isaac Israeli Ben Solomon (Abu Ya'qub Ishaq ibn Sulayman al-Isra'ili, 855-955):

«Veritas est adaequatio rei et intellectus» (De definitionibus, cit. por Avicenna, Metaphysica, tr. 1, c. 9; y cit. por Santo Tomás de Aquino, S Th, 1 q. 16, a. 1c y a. 2 arg. 2)

"La verdad de las cosas consiste en su relación (comparatione) con el entendimiento divino" (no con el nuestro, dice implícitamente antes Santo Tomás de Aquino, 1 q 16 a1 ad 2, al final).

San Agustín, al definir lo verdadero diciendo "verdadero es lo que es",

"se refiere a la verdad de las cosas y excluye del concepto de esta verdad su comparación con nuestro entendimiento, porque lo accidental se excluye de la definición" (ib. ad 1).

VERDADERA PROPOSICIÓN Y PROPOSICIÓN VERDADERA

[Expresar un verdadero pensamiento y además un pensamiento verdadero o no].

"Las proposiciones no sólo tienen verdad como se dice que la tienen las otras cosas en cuanto cumplen lo que sobre ellas está ordenado en el entendimiento divino [como define san Anselmo la verdad como rectitud], sino que tienen además una verdad especial que consiste en significar la verdad del entendimiento. La cual consiste en la conformidad del entendimiento y la cosa" (S. Th. 1, 16, 8 ad 3).

"A la naturaleza del intelecto le compete conformarse con las cosas" (S. Th. 99, 1 c).

"Como queda dicho (a. 1), la verdad se halla en el entendimiento en cuanto conoce la cosa como es, y en la cosa en cuanto tiene ser conformable al intelecto" (S. Th. 1, 16, 5 c).

"Conocemos las realidades incorpóreas, de las cuales no tenemos imágenes, por comparación con los cuerpos sensibles de los cuales tenemos imágenes. Y así comprendemos la verdad reflexionando sobre el objeto cuya verdad investigamos" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 3).

Dios conoce las cosas, pero esto no le añade formas ni afecciones, no le causa conocimientos. Conoce las cosas porque es su causa primera:

"El ser de esta causa primera es el propio entender divino; de donde se sigue que cualesquiera efectos que preexistan en Dios como en su causa primera son en Él su mismo acto de entender y se hallan allí de modo inteligible, ya que cuanto está en otro se halla en él según el modo de ser del que lo tiene" (S. Th. 1, 14, 5 c).

"El objeto propio del entendimiento humano, que está unido a un cuerpo, es la esencia o naturaleza existente en la materia corporal, y mediante la naturaleza de las cosas visibles alcanza también algún conocimiento de las invisibles... Para que el entendimiento entienda en acto su objeto propio, es necesario que recurra a las imágenes de la fantasía, a fin de descubrir la naturaleza universal que existe en un objeto particular" (S. Th. 1, 84, a 7 c).

"Lo connatural a nuestro entendimiento, según el estado de la vida presente, es conocer lo material y sensible, según está dicho" (S. Th. 1, 87, a 1 c).

"El entendimiento humano, ni es su entender [como el divino], ni su entender tiene como primer objeto su esencia misma [como el angélico], sino algo extrínseco, a saber, la naturaleza de las cosas materiales" (S. Th. 1, 87, a 3 c).

"La verdad de las proposiciones (los enunciables) no es otra que la verdad del entendimiento, pues la proposición (el enunciable) está en el entendimiento y en las palabras. Según está en el entendimiento, tiene verdad por sí. Pero según está en las palabras, se dice verdadera la proposición (el enunciable) según significa alguna verdad del entendimiento; no porque alguna verdad de la proposición (del enunciable) exista como en sujeto (S. Th. 1, 16, 7 c).

LA MEMORIA

"Las especies conservadas en el entendimiento posible están en él habitualmente cuando no las entiende en acto, como queda dicho (en S. Th. 1, 79, a 6). Por eso, para entender en acto no basta con conservar así las especies, sino que es menester que las utilicemos en conformidad con las realidades que representan, es decir con las naturalezas existentes en los particulares" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 1).

CONOCIMIENTO DE DIOS Y DE LOS ÁNGELES

"Conocemos las realidades incorpóreas, de las cuales no tenemos imágenes. Y así comprendemos la verdad reflexionando sobre el objeto cuya verdad investigamos; a Dios lo conocemos, como dice Dionisio (De div. nom., c. 1, 5: MG 3,593), en cuanto causa y por vía de supereminencia (excesum) y de remoción; y en cuanto a las demás substancias incorpóreas no podemos conocerlas en el estado de la presente vida más que por remoción o mediante una cierta comparación con las cosas corporales. Por consiguiente, para conocer algo de estos seres necesitamos, aún cuando de ellos no existan imágenes, recurrir a las imágenes de realidades corpóreas" (S. Th. 1, 84, a 7 ad 3).

LA ADECUACIÓN Y EL MODERNISMO

Las fórmulas dogmáticas expresan la realidad de Dios de forma analógica; y nos dan un conocimiento verdadero y real, aunque sólo analógico de las realidades divinas; no un conocimiento plenamente adecuado de Dios, ni mucho menos. Sólo es un conocimiento, proporcionado a nuestra capacidad, pero es real y verdadero el que nos dan los dogmas. Negarlo es lo que hacían y hacen los modernistas.

Los modernistas afirman que los dogmas no significan nada de lo divino, no nos dan ningún conocimiento de Dios, sólo como máximo, fórmulas para actuar como si significaran algo real.

Es lo que condenó san Pío X en el nº 26 del Decreto Lamentabili contra el modernismo:

«Los dogmas de la fe se han de retener solamente según el sentido práctico, esto es, como norma preceptiva del obrar, pero no como norma del creer». (Decreto Lamentabili de 1907, 26)

Mysteries like the Trinity or the Incarnation are either unthinkable (a modernist Kantian tendency),
or are within the reach of the unaided reason [están al alcance de la sola razón] (a modernist Hegelian tendency).
"The truth of religion is in him (man) implicitly, as surely as the truth of the whole physical universe, is involved in every part of it. Could he read the needs of his own spirit and conscience, he would need no teacher" (Tyrrell, "Scylla and Charybdis", p. 277).

Truth consists in the conformity of the idea with its object. Now, in the Catholic concept, a dogmatic formula supplies us with at least an analogical knowledge of a given object. For the modernist, the essential nature of dogma consists in its correspondence with and its capacity to satisfy a certain momentary need of the religious feeling. It is an arbitrary symbol that tells nothing of the object it represents. At most, as M. Leroy, one of the least radical of modernists, suggests, it is a positive prescription of a practical order (Leroy, "Dogme et critique", p. 25). Thus the dogma of the Real Presence in the Holy Eucharist means: "Act as if Christ had the local presence, the idea of which is so familiar to you". But, to avoid exaggeration, we add this other statement of the same writer (loc. cit.), "This however does not mean that dogma bears no relation to thought; for (1) there are duties concerning the action of thinking; (2) dogma itself implicitly affirms that reality contains in one form or another the justification of such prescriptions as are either reasonable or salutary".

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Santo Tomás de Aquino

De Veritate La verité

 

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Reflexión histórica sobre la situación real de España en la transición a la democracia absoluta y su futuro (1)
Reflexión histórica sobre la situación real de España en la transición a la democracia absoluta y su futuro (y 2)