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La tristeza y llanto que Dios quiere y la verdadera alegría

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».
(Mt 5,5)

Ahora --oráculo del Señor-- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor.
(Joel 2,12,17. Lectura de la misa del 26/02/2020, miércoles de Ceniza)

Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Purificaos, pecadores, las manos; limpiad los corazones, hombres irresolutos.
Lamentad vuestra miseria, entristeceos y llorad. Que vuestra risa se cambie en llanto y vuestra alegría en tristeza.
(Santiago 4,8-9. Lectura de la misa del 25/02/2020, martes de la séptima semana de Tiempo Ordinario).

Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro,
sabiendo que = habéis sido rescatados = de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o = plata, =
sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo
(1Pe 1,17-19)

La tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte.
(2Cor 7,10)

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La verdadera alegría

Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento;
pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear.
(Sant 1,2-4)

Bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente.
¿Pues qué gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado? Pero si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios.
Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas.
(1Pe 2,19-21)

Aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros. = No les tengáis ningún miedo ni os turbeis. =
(1Pe 3,14)

Queridos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros, como si os sucediera algo extraño,
sino alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria.
Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el = Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. =
Que ninguno de vosotros tenga que sufrir ni por criminal ni por ladrón ni por malhechor ni por entrometido:
pero si es por cristiano, que no se avergüence, que glorifique a Dios por llevar este nombre.
Porque ha llegado el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios. Pues si comienza por nosotros, ¿qué fin tendrán los que no creen en el Evangelio de Dios?
= Si el justo se salva a duras penas ¿en qué pararán el impío y el pecador? =
De modo que, aun los que sufren según la voluntad de Dios, confíen sus almas al Creador fiel, haciendo el bien.
(1Pe 4,12-19).

Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como = león rugiente, = buscando a quién devorar.
Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos.
El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará.
(1Pe 5,8-10).

“Tu Palabra fue la alegría y el gozo de mi corazón” (Jer 15:16).

«Hay una tristeza que puede llevarnos a Dios. Acojámosla, no nos enfademos con nosotros mismos. Puede ser un buen momento. San Francisco de Asís también lo experimentó, nos lo recuerda en su Testamento (cf. Fonti Francescane, 110). La amargura se convertirá en una gran dulzura, y la dulzura fácil y mundana se convertirá en amargura».
(Francisco, Discurso al clero en la Liturgia Penitencial del 27.02.2020)
http://www.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2020/february/documents/papa-francesco_20200227_clero-roma.html

 

C’è una tristezza che ci può condurre a Dio. Accogliamola, non ci arrabbiamo con noi stessi. Può essere la volta buona. Anche San Francesco d’Assisi lo ha sperimentato, ce lo ricorda nel suo Testamento (cfr Fonti Francescane, 110). L’amarezza si cambierà in una grande dolcezza, e le dolcezze facili, mondane, si trasformeranno in amarezze.

«El Código de Derecho Canónico recuerda que los fieles “tienen el derecho, y a veces el deber, de manifestar a los sagrados Pastores su pensamiento sobre lo que concierne al bien de la Iglesia” (can. 212 § 3)».
(Francisco, Discurso al clero en la Liturgia Penitencial del 27.02.2020)
http://www.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2020/february/documents/papa-francesco_20200227_clero-roma.html

La verdadera y perfecta alegría según san Francisco de Asís

La verdadera alegría según santa Teresita

Santa Teresa del Niño Jesús dice y enseña como doctora de la Iglesia que es:

"Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre..." (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº).

Este amor imprescindible para que haya sacerdotes y para que los sacerdotes sean buenos sacerdotes incluye la ofrenda del sufrimiento:

"No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio... Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor. Así arrojaré flores delante de tu trono... Y además, al arrojar mis flores, cantaré ... , cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas". (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº-4vº).

"He sufrido mucho desde que estoy en la tierra. Pero si en mi niñez sufría con tristeza, ahora ya no sufro así: lo hago con alegría y con paz, soy realmente feliz de sufrir".
(Santa Teresa del Niño Jesús: Historia de un Alma, Manuscrito C, 4vº).

La ofrenda del deseo de todos los sufrimientos:

"Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí..." (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº).

Porque obviamente el amor tiene que ser verdadero, es decir, amor con locura. Como el de Jesús por nosotros.

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Necesitamos la gracia de sufrir con alegría

Y de agradecer la poda (Jn 15,1-2):

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto» (Jn 15,1-2).