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Podemos amar a Dios

Jesús, el Verbo hecho carne, nos muestra y nos da su sagrado Corazón porque nos quiere y quiere muestro amor

 

Aunque una prestigiosa señora de pronto dice que nadie puede amar a Dios, sí se puede, todos podemos. Porque Dios lo quiere y lo manda y por consiguiente nos da la gracia para realizarlo. Porque no manda lo que no podemos. Él lo hace posible. Hay que rechazar no sólo el semipelagianismo, sino también el semijansenismo. Lo que incluye obviamente el rechazo de sus versiones crasas.

A la querida señora no se lo vamos a tomar al pie de la letra, sino que consideramos que lo entiende bien. Le aplicamos gustosamente lo que aprendimos en Una lección de san Ignacio.

Debemos suponer y suponemos que ella quiso decir que nadie puede por sus propias fuerzas amar a Dios. Y que rechaza el semipelagianismo y el semijansenismo.

Y reafirmamos como Lo más urgente de todo.lo que ahí se contiene.

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Dios promulgó ya en el Antiguo Testamento este mandamiento primordial:

Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
(Dt 6, 4-5)

Jesús, el Verbo hecho carne lo reafirmó personalmente:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento» .
(Mt 22, 37-38)

Y la Iglesia, Nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica, así lo enseña, por ejemplo en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992:

2083 Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; cf Lc 10, 27: “...y con todas tus fuerzas”). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 4).
Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado en la primera de las “diez palabras”. Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios.

2133 “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 59).

2086 «...¿Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? ...» (Catecismo Romano, 3, 2, 4).

2093 La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero. El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él (cf Dt 6, 4-5).

No podemos amar a Dios por nuestras propias fuerzas. La Iglesia enseña que debemos esperar con esperanza que Dios nos dé la gracia para amarle cumpliendo los mandamientos:

2090 Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad. (Catecismo de 1992, nº 2090)

Y en la sagrada liturgia:

"Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a Ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.
(Oración colecta de la misa del 20 de septiembre de 2020, vigésimoquinto domingo del tiempo ordinario).

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La primera de las proposiciones de Jansenio condenadas en 1653 es la de que "algunos mandamientos de Dios son imposibles para los hombres justos" (Dz 1092, DS 2001).

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El primer mandamiento del decálogo dado por Dios por medio de Moisés:

Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
(Dt 6, 4-5)

Jesús, el Verbo hecho carne, nos recuerda que sigue en pie este primer mandamiento:

34 Los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo,
35 y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»
37 Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
38 Este es el mayor y el primer mandamiento.
39 El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».
(Mt 22,34-40).

25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
26 El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»
27 Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo».
28 Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»
(Lc 10,25-28).

En el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica nos enseña este mandamiento de amar a Dios:

2083 Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; cf Lc 10, 27: “...y con todas tus fuerzas”). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 4).

Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado en la primera de las “diez palabras”. Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios.

2086 «El primero de los preceptos abarca la fe, la esperanza y la caridad. En efecto, quien dice Dios, dice un ser constante, inmutable, siempre el mismo, fiel, perfectamente justo. De ahí se sigue que nosotros debemos necesariamente aceptar sus Palabras y tener en Él una fe y una confianza completas. Él es todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien. ¿Quién podría no poner en él todas sus esperanzas? ¿Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo como al final de sus preceptos: “Yo soy el Señor”» (Catecismo Romano, 3, 2, 4).

2090 Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad.

2093 La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero. El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él (cf Dt 6, 4-5).

2133 “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 59).

Y en la sagrada liturgia:

"Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a Ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.
(Oración colecta de la misa del 20 de septiembre de 2020, vigésimoquinto domingo del tiempo ordinario).

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Por consiguiente, nuestro amor a Dios y al prójimo ha de ser obviamente verdadero, es decir, amor con locura, como el que nos tiene Jesús.

Es posible consolar a Dios, como fue posible que Dios padeciese y muriese