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Pío XI instituye en la Quas Primas de 1925 la fiesta de Cristo Rey el último domingo de octubre y ordena que se realice ese día el acto de consagración al Corazón de Jesús que san Pío X mandó que se hiciese cada año

Itaque, auctoritate Nostra apostolica, festum D. N. Iesu Christi Regis instituimus, quotannis, postremo mensis Octobris dominico die, qui scilicet Omnium Sanctorum celebritatem proxime antecedit, ubique terrarum agendum. Item praecipimus, ut eo ipso die generis humani Sacratissimo Cordi Iesu dedicatio quotannis renovetur, quam s. m. decessor Noster Pius X singulis annis iterari iusserat; hoc tamen anno dumtaxat, eam die tricesimo primo huius mensis peragi volumus, quo die Nosmet pontificali ritu in honorem Christi Regis sacris operabimur et coram Nobis eandem fieri consecrationem iubebimus. Neque Annum Sanctum posse Nos melius aptiusque concludere videmur, nec Christo Regi saeculorum immortali ampliorem exhibere grati animi Nostri significationem — in quo gratas quoque totius catholici orbis voluntates interpretamur — ob beneficia tempore hoc sacro in Nos, in Ecclesiam universumque catholicum nomen collata.
(Pío XI
Quas Primas, nº 30, AAS 17 [1925], http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-17-1925-ocr.pdf , pág 607-608).

30. Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.
Este año, sin embargo, queremos que se renueve el día 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagración se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni más convenientemente el Año Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, más amplio testimonio de nuestra gratitud —con lo cual interpretamos la de todos los católicos— por los beneficios que durante este Año Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe católico.
(Pío XI
Quas Primas, nº 30).

------------------------Fórmula de consagración del género humano al sacratísimo Corazón de Jesús enviada el 17.10.1925 a todos los obispos por el cardenal Prefecto de Sagrada Congregación de Ritos en latín y en varios otros idiomas
(AAS 17 [1925],
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-17-1925-ocr.pdf , pág 542 y sig.)AD SACRATISSIMUM COR IESU FORMULA CONSECRATIONIS RECITANDA Iesu duicissime, Redemptor humani generis, respice nos ad altare tuum humillime provolutos. Tui sumus, tui esse volumus; quo autem Tibi coniuncti firmius esse possimus, en hodie Sacratissimo Cordi Tuo se quisque nostrum sponte dedicat. Te quidem multi novere numquam; Te, spretis mandatis tuis, multi repudiarunt. Miserere utrorumque, benignissime Iesu; atque ad sanctum Cor tuum rape universos. Rex esto, Domine, nec fidelium tantum qui nullo tempore discessere a Te, sed etiam prodigorum filiorum qui Te reliquerunt: fac hos, ut domum paternam cito repetant, ne miseria et fame pereant. Rex esto eorum, quos aut opinionum error deceptos habet, aut discordia separatos, eosque ad portum veritatis atque ad unitatem fidei revoca, ut brevi fìat unum ovile et unus pastor. Rex esto eorum omnium, qui in tenebris idololatriae aut Islamismi adhuc versantur, eosque in lumen regnumque tuum vindicare ne renuas. Respice denique misericordiae oculis illius gentis filios, quae tamdiu populus electus fuit; et Sanguis, qui olim super eos invocatus est, nunc in illos quoque, redemptionis vitaeque lavacrum, descendat. Largire, Domine, Ecclesiae tuae securam cum incolumitate libertatem; largire cunctis gentibus tranquillitatem ordinis: perfice, ut ab utroque terrae vertice una resonet vox: Sit laus divino Cordi, per quod nobis parta salus: ipsi gloria et honor in saecula. Amen. Añadidos a la fórmula de León XIII y de san Pío X:

Rex esto eorum omnium, qui in tenebris idololatriae aut Islamismi adhuc versantur, eosque in lumen regnumque tuum vindicare ne renuas. Respice denique misericordiae oculis illius gentis filios, quae tamdiu populus electus fuit; et Sanguis, qui olim super eos invocatus est, nunc in illos quoque, redemptionis vitaeque lavacrum, descendat.

(Versio Hispanica)

CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar: vuestros somos y vuestros queremos ser: y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón. Muchos, por desgracia, jamás os han conocido: muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo. Oh Señor, sed Rey , no solo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, por que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del Islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino. Mirad finalmente con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fué vuestro predilecto; descienda también sobre ellos, bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud; a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Asi sea.
(AAS 17 [1925],
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-17-1925-ocr.pdf , pág 545-546).

Añadidos a la fórmula de León XIII y de san Pío X:

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del Islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino. Mirad finalmente con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fué vuestro predilecto; descienda también sobre ellos, bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron.

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Fórmula, idéntica a la anterior, a cuyo rezo concedió las indulgencias Pío XI el 26.07.1926, publicada por la Sagrada Penitenciaría Apostólica
(AAS 19 [1927],
http://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-19-1927-ocr.pdf , pág. 32).

Iesu dulcissime, Redemptor humani generis, respice nos [ad altare tuum humillime provolutos (his verbis pro opportunitate omissis, non pereunt Indulgentiae.)]. Tui sumus, tui esse volumus; quo autem Tibi coniuncti firmius esse possimus, en hodie sacratissimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dedicat. Te quidem multi novere nunquam; Te, spretis mandatis tuis, multi repudiarunt. Miserere utrorumque, benignissime Iesu, atque ad sanctum Cor tuum rape universos. Rex esto, Domine, nec fidelium tantum qui nullo tempore discessere a Te, sed etiam prodigorum filiorum qui Te reliquerunt: fac hos, ut domum paternam cito repetant, ne miseria et fame pereant. Rex esto eorum, quos aut opinionum error deceptos habet, aut discordia separatos, eosque ad portum veritatis atque ad unitatem fidei revoca, ut brevi fiat unum ovile et unus pastor. Rex esto eorum omnium, qui in tenebris idololatriae aut islamismi adhuc versantur, eosque in lumen regnumque tuum vindicare ne renuas. Respice denique misericordiae oculis illius gentis filios, quae tamdiu populus electus fuit; et Sanguis, qui olim super eos invocatus est, nunc in illos quoque, redemptionis vitaeque lavacrum descendat. Largire, Domine, Ecclesiae tuae securam cum incolumitate libertatem; largire cunctis gentibus tranquillitatem ordinis; perfice, ut ab utroque terrae vertice una resonet vox: Sit laus divino Cordi, per quod nobis parta salus: ipsi gloria et honor in saecula. Amen.

Jesús dulcísimo, Redentor del género humano, míranos [humildemente postrados ante tu altar (no quita las indulgencias la omisión de estas palabras, si no corresponden a la oportunidad)]. Tuyos somos y tuyos queremos ser; y a fin de poder vivir más estrechamente unidos Contigo, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a Tu Sacratísimo Corazón. Muchos jamás Te han conocido; muchos, despreciando Tus mandamientos, Te han desechado. Oh Jesús benignísimo, ten misericordia de los unos y de los otros, y atraélos a todos a Tu Corazón Santísimo. Oh Señor, sé Rey, no solo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti, sino también de los hijos pródigos que Te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, por que no perezcan de hambre y de miseria. Sé Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Ti: devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sé Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del Islamismo; dignate atraerlos a todos a la luz de Tu reino. Mira finalmente con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fué Tu predilecto; descienda también sobre ellos, bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron. Concede, oh Señor, incolumidad y libertad segura a Tu Iglesia; otorga a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haz que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud; a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Asi sea.