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El malentendido sobre el fin del mundo

La Parusía, o segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne, no es el fin del mundo. El fin de la época no es el fin del mundo. El final del sistema políticamente correcto no es el fin del mundo

«La Iglesia universal del Dios verdadero confiesa y profesa que Cristo ha de venir del cielo a juzgar a los vivos y a los muertos, y a esto le llamamos nosotros último día del divino juicio, esto es el tiempo último. Pues, por cuantos días se extienda este juicio es incierto: pero las escrituras santas usualmente ponen el término día en lugar de tiempo, como no ignora el que haya leído, por más ligeramente que lo haya hecho, aquellas letras santas. Así pues cuando decimos día del juicio de Dios, añadimos último o novísimo, lo que indica que también ahora juzga y que desde el principio del tiempo juzgó».
(San Agustín: De Civitate Dei lib. XX, cap. 1, núm. 2).

"La venida del Señor al final de los tiempos" significa que la Parusía de Jesús, el Verbo hecho carne, la realizará en la última época o día de la humanidad, de la vida humana sobre la tierra. La Parusía o manifestación de Jesús en su segunda venida gloriosa, iniciando la última época de la vida humana sobre la tierra, no lleva consigo la muerte de los humanos que vivan entonces, no su aniquilación, pero sí la eliminación del Anticristo, del imperio de Satanás, del sistema anticristiano considerado políticamente por Satanás. La Parusía es la última venida de Jesús, el Verbo hecho carne, y es una venida en gloria y majestad, al fin de los tiempos, es decir en la última época de la vida humana en la tierra, época llamada bíblicamente el Día del Señor, que no es un día de veinticuatro horas de reloj. El momento de la Parusía inicia esta última época de la vida humana sobre la tierra, que no tiene por qué ser una época breve, ni el momento de la Parusía lleva consigo la aniquilación de la vida humana, ni en unos instantes, ni en breves años, sino que constará de siglos o milenios, como las épocas o días anteriores de la humanidad en la tierra. La duración de la época del final de los tiempos es del mismo orden de magnitud que las épocas, o días anteriores, o tiempos anteriores, de la vida humana en la tierra. Se le puede llamar el fin del mundo en el sentido de que es la época final, no la aniquilación de la vida humana sobre la tierra, ni instantáneamente, ni en breves momentos, ni unos pocos años. La creencia de que la Parusía lleva consigo el final de la vida humana terrestre en breves momentos o en pocos años, no es un dogma, ni lo puede ser, porque no es ese el plan de Dios tal como lo ha anunciado en la Revelación, tanto en la Sagrada Escritura, como en la Tradición.
La Parusía, la última venida de Jesús, elimina el poder anticristiano, las
estructuras de pecado y al propio Anticristo; y mediante la extraordinaria efusión de gracia que Jesús, el Verbo hecho carne, iniciará con su Parusía, inicia el reinado efectivo de Jesucristo en la tierra, y su reino no tendrá fin, porque continurá en la vida humana en el cielo.

Esto no es milenarismo proscrito por la Iglesia, es el Prefacio III de Adviento que tiene en vigor nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica:

"En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá, revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino".
(Prefacio III de Adviento que tiene en vigor la Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica)

Además de que esto no es milenarismo, otro malentendido nace de que "día" se utiliza en textos como este en dos acepciones: la segunda vez que aparece "día" en este texto significa época, como explica san Agustín que significa "día" en la Sagrada Escritura. La primera vez que aparece "día" en este texto del Prefacio III de Adviento significa un período de veinticutro horas y se refiere al momento de la Parusía, puesto que dice el día y la hora en que "aparecerá" Jesucristo, el Verbo hecho carne, "revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo". La segunda vez día significa la época final, cuya duración, nos es desconocida, pero ciertamente es del mismo orden de magnitud que las épocas anteriores, es decir, no un instante o unos pocos días o años, sino muchísimos años, muchos siglos, o incluso milenios. No sabemos. Pero sí sabemos que en este texto se indica que "pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva" en la época final, no en "el día y la hora" de la Parusía.

Aclaración del malentendido entre Parusía e instante final del mundo:

Decía Canals:

"Tendemos a pensar en un instante, la venida del Señor, la conflagración del mundo, la resurrección de los justos y de los pecadores, la salvación de aquéllos y la condenación de éstos y la no existencia de la historia humana.

"Es ahora muy necesario abrir nuestra mente al mensaje contenido en las palabras de San Agustín:

«La Iglesia universal del Dios verdadero confiesa y profesa que Cristo ha de venir del cielo a juzgar a los vivos y a los muertos, y a esto le llamamos nosotros último día del divino juicio, esto es el tiempo último. Pues, por cuantos días se extienda este juicio es incierto: pero las escrituras santas usualmente ponen el término día en lugar de tiempo, como no ignora el que haya leído, por más ligeramente que lo haya hecho, aquellas letras santas. Así pues cuando decimos día del juicio de Dios, añadimos último o novísimo, lo que indica que también ahora juzga y que desde el principio del tiempo juzgó».
(San Agustín: De Civitate Dei lib. XX, cap. 1, núm. 2).

"De este tiempo último del Juicio de Dios, de su Advenimiento y de su Reino, cuya duración desconocemos, hemos de sentir según la palabra de Dios que en uno y otro Testamento nos habla".

En el siguiente texto del Catecismo de 1992, la Iglesia Católica emplea la palabra "tiempo" con el significado de "época" cuando habla del "tiempo de la restauración universal" como la época de la restauración universal iniciada por la Parusía o segunda venida de Jesús, el Verbo hecho carne. E incluso cuando habla del "tiempo de la consolación":

674. «La venida del Mesías glorioso en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel"... »San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y san Pablo le hace eco... La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica..., hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13).

San Pablo habla de la Parusía, la segunda venida gloriosa de Jesús, el Verbo hecho carne
San Pablo no dice que en el momento de la segunda venida de Cristo morirán todos los habitantes del planeta. Al contrario, distingue dos tiempos y dos situaciones tras la Parusía de Jesucristo. Dice clara y explícitamente que primero resucitarán "los que murieron en Cristo". Y que será "después" cuando serán llevados al cielo los habitantes del planeta. Ese "después", no dice si ocurrirá tras unos instantes -como dicen muchos hoy en día, pero no san Pablo-, o si ocurrirá tras un tiempo más largo, como creían y esperaban la inmensa mayoría de los cristianos hasta el siglo IV, hasta la época de san Agustín y de san Jerónimo, porque así lo encontraban en los textos bíblicos y en la predicación transmitida desde los apóstoles. Después de la alarma sembrada por san Jerónimo, horrorizado porque esto le sonaba a judaizante, sólo una minoría de cristianos católicos lo ha seguido entendiendo así, aunque muchos eclesiásticos también lo han rechazado horrorizados a su vez, porque algunos protestantes decían que el Anticristo era el Papa y que la Gran Ramera de Babilonia era la Roma pontificia. Y así se ha venido sembrando la creencia infundada de que la segunda venida de Cristo trae consigo el fin aniquilador del mundo y de todos sus habitantes. (LEER MÁS)

También san Buenaventura habla de la época final de la Iglesia como posterior a la eliminación del Anticristo por la Parusía de Jesús tras las otras épocas.

La Iglesia consumada en la escatología intrahistórica de San Buenaventura, Francisco Canals Vidal • CRISTIANDAD, Barcelona, Año XL, nn 628-631:117, julio-octubre 1983

Explicó Canals en Recuerdos y reflexiones actuales sobre la teología de la historia del padre Ramón Orlandis, CRISTIANDAD, núm. 728-730, enero-marzo de 1992, págs. 19 a 23
(Conferencia pronunciada en la clausura de la XXIX Reunión de amigos de la Ciudad Católica. Poblet, 14 de octubre de 1990. Publicada en la revista Verbo, núm. 301-302 (1992), págs. 191-201):

Las sistematizaciones de Orlandis y de Rovira podrían considerarse más próximas a la que hallamos en el gran doctor franciscano san Buenaventura, en la última de sus obras, las llamadas Collationes in Hexaemeron, serie de sermones predicados en París, ya en vísperas de su muerte, cuyo texto se conserva en una reportatio cuya autenticidad apoyan los críticos más solventes de la obra de san Buenaventura.

Entre las diversas «seriaciones» de los tiempos de la historia humana en la perspectiva de la salvación, podemos hallar que al doble tiempo: vocación de los gentiles, vocación de los judíos, se corresponden las etapas que llama de la «Iglesia dilatada y de la Iglesia consumada». Mientras que a este período de la Iglesia consumada, coincidente con la vocación de los judíos, se refiere también en otras series la época que llama «la restauración de todas las cosas» y «el tiempo de la paz última».

Nos resultará alentador leer algunas de las palabras del propio san Buenaventura:

«Que los judíos se convertirán es cierto, por Isaías y por el Apóstol, que aduce su autoridad... Dice Isaías: "Subamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob"; y sigue: "No desenvainará la espada un pueblo contra otro, ni se adiestrarán más en el arte de la guerra". Contra esto dicen los judíos que todavía no se ha cumplido; pero el Profeta no se refiere a la primera venida o a la primera vocación, sino a la última, cuando el día del Señor se manifieste sobre todos los soberbios; y no se ha de entender que Dios abandone a aquellas ramas». (San Buenaventura: Collationes in Hexaemeron, Col. XV, 24 y 25).

Y en otro lugar dice:

«En el futuro tendrá lugar la reedificación de la Ciudad y la reparación del culto divino. Entonces se cumplirá lo profetizado por Ezequiel, cuando descienda del cielo la Ciudad, no por cierto la que es de arriba, sino la que es de aquí abajo, es decir la militante, cuando sea conforme a la triunfante en cuanto es posible en este mundo. Entonces tendrá lugar la edificación de la Ciudad y su restablecimiento como en el principio, y entonces habrá paz». (Col. XVI, 30).

Para san Buenaventura, la Iglesia estaba en una etapa anterior a aquella a que se refería el pasaje que acabamos de citar. No era previsible el momento en que se cambiase de una edad a otra:

«¿Quién ha dicho cuánto durará? Es cierto que nos encontramos en este tiempo; cierto es también que durará hasta que sea arrojada la Bestia que sube del abismo, y Babilonia sea confundida y derribada, y después se dará la paz; pero primero es necesario que venga la tribulación» (Col. XVI, 19).

Como en el Padre Enrique Ramiére, o en el Padre Orlandis, o en Rovira, también en San Buenaventura hallamos que el anuncio de las grandes tribulaciones que han de sobrevenir sobre los habitantes de la Tierra se ambienta en una atmósfera de anhelo esperanzado por el Reino de Dios. Dios no permite el mal sino para sacar de él mayores bienes, y la hora de las grandes tentaciones y tribulaciones es también signo que ha de alentarnos a «alzar la cabeza porque nuestra salvación se acerca», según nos anunció el Señor en el Evangelio (Luc. 21, 28).

El deseo de que estas esperanzas se cumplan, y de que sean abreviados los días de tribulación, y de que el Amor del divino corazón triunfe sobre el imperio de Satanás, impulsa la oración de la Iglesia:

«Que de uno a otro polo resuene únicamente esta aclamación: Alabado sea el divino Corazón por quien hemos alcanzado la salud: a El la gloria y el honor por todos los siglos».
(Pío XI, Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, anualmente renovada en la Fiesta de Cristo Rey).

«Nos consagramos a Ti, a tu Corazón Inmaculado, oh Madre Nuestra, Reina del mundo, a fin de que tu amor y patrocinio acelere el triunfo del Reino de Dios, y todos los pueblos, pacificados entre sí y con Dios, te aclamen Bienaventurada, y contigo entonen de un extremo a otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, amor y agradecimiento al Corazón de Jesús, únicamente en el cual pueden encontrar la Verdad, la Vida y la Paz». (Acto solemne de consagración del género humano al Inmaculado Corazón de María por el Papa Pío XII en 1942)

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Juan Rovira Orlandis, S. J., sobrino del padre Ramón Orlandis, S. J., y como él sacerdote jesuita, nacido en Palma de Mallorca en 1937, asesinado por odio a la fe el 3 de noviembre de 1936, durante la persecución religiosa en la zona roja durante la Guerra de España de 1936
En proceso de canonización: http://newsaints.faithweb.com/martyrs/MSPC01.htm
Autor del estudio El Reino de Cristo consumado en la tierra

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No es lo mismo el cielo que el reino de Dios
en la tierra tras la Parusía.
Difieren tanto, como la situación de los que viven
en la tierra difiere de la de quienes viven en el cielo.

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