Estructuras de pecado...... .INDEX

El itinerario de la Cristiandad al laicismo es un caso particular de la aplicación del mal menor como una estructura de pecado

El ideal de la Cristiandad, apenas esbozado en la Plena Edad Media de los siglos XI-XIII) y sólo de manera incipiente e imperfecta llevado a la práctica entonces, empezó a dejar de ser tal ideal para los intelectuales y políticos contaminados de antropocentrismo en la crisis de la Baja Edad Media de los siglos XIV- XV. Sus continuadores marcaron la pauta en la cultura, el modo de vida y la política de forma creciente desde el Renacimiento, que se extendió por Europa desde el último tercio del XV, irradiando desde Italia donde ya se había iniciado durante los siglos de aquella crisis, desde mediados del XIV, y donde ya imperaba desde mediados del XV.

La población era cristiana e incluso lo eran los dirigentes sociales, pero estos ya no encaminaban a la sociedad de una forma consecuente. Eran ya estados confesionales inconsecuentes. Ya se servía a dos señores. Debido a su contaminación antropocentrista, la insuficiencia de los planteamientos renacentistas para hacer frente a la revolución protestante, desemboca en la fractura de Europa en la que ya la Cristiandad queda suplantada incluso como ideal.

Después las nuevas revoluciones de la Ilustración y del liberalismo, aunque aún mantuvieron la confesionalidad de Estado, la dejaron en una confesionalidad aún más inconsecuente. La descristianización acelerada de Occidente fue la consecuencia.

Y pasó ya a quedar como mal menor la aceptación de los Estados liberales y dejar para el futuro la Cristiandad e incluso la confesionalidad.

Pero se olvidaron los malminoristas de lo esencial tal como prescribió el papa León XIII cuando formuló la doctrina del mal menor en la encíclica Libertas.

Y es que cuando hay que a cogerse al mal menor porque no hay suficiente población católica para poder llevar a la práctica la tesis católica a causa de la descristianización, hay que reafirmar la proclamación de la tesis católica y mantenerla como tal tesis para cuando se pueda poner en práctica y trabajar para ello, para cristianizar a la población y para combatir la revolución liberal y socialista en la cultura y en la política.

No le obedecieron en esto. Y convirtieron así la aplicación del mal menor en una estructura de pecado. Que ha llevado a nuevas degradaciones de descristianización y de laicismo.

Toman la hipótesis como tesis. Incluso tienen prohibido formular el ideal de la Cristuiandad. Y hablan de la confesionalidad diciendo que es algo "trasnochado". Palabra favorita de los eclesiásticos malminoristas, como un alto prelado que decía "el trasnochado Estado confesional"; después lo han creado cardenal.

 

Lo que enseña León XIII es que no se debe tomar el mal menor como un bien, ni aprobarlo, ni quererlo:

«Si por causa del bien común, y únicamente por ella, puede y aun debe la ley humana tolerar el mal, no puede, sin embargo, ni debe jamás aprobarlo ni quererlo en sí mismo».
(León XIII, Libertas, IV La tolerancia).

 

El Padre Orlandis enseñaba que cuando hay que acogerse al mal menor, entonces es tanto más necesario reafirmar la tesis católica, cuanto más, más:

"En ciertas ocasiones, en sobradas ocasiones, por desgracia, es necesario y lícito contentarse y aun acogerse al mal menor ", siendo el ideal católico la realización del Reinado de Cristo sobre la tierra, la aceptación voluntaria por las naciones de la Soberanía Social de Jesucristo, que todas las naciones acepten y acaten el magisterio de la Iglesia y disfruten de los bienes que en esta buena nueva se les ofrecen.
"Cuanto más dista el mundo de la plena realización de este ideal, cuanto mayores son las exigencias malaventuradas de la hipótesis, más necesario es conservar puro y vivo en la mente y en el corazón este ideal, y profesarlo públicamente".
(Ramón Orlandis, S. J.:
¿Somos pesimistas? Revista Cristiandad – Nº 73 - AÑO IV - 1 de abril de 1947, pág. 145).

 

La tesis católica es que los pueblos y las personas reconozcan a Cristo como rey, acaten la autoridad de la Iglesia, que es el Reino de Dios, en el dogma y la moral y que las normas que rijan en el Estado sean conformes en su componente moral con lo que enseña la Iglesia. Y que esta ejerza activa y asiduamente su autoridad doctrinal y disciplinar sobre el dogma y la moral y dispense abundantemente los medios sobrenaturales para que todos individual y colectivamente puedan acatarla.

Se nos dice que en la situación de laicismo actual, son irrealizables las normas católicas. Pero, ¿cuesta mucho alimentar la esperanza recordando a menudo lo que enseña el Concilio Vaticano II en Nostra Aetate, 4, que con toda seguridad todos los pueblos creerán que Jesucristo es Dios y obrarán en consecuencia, también en la vida política?:

"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le servirán hombro con hombro" (Nostra aetate, 4).

Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en el futuro.

Sí, cuesta mucho: no se menciona esto nunca.

La tesis católica se puede formular, por ejemplo como el propio Padre Orlandis en el artículo citado:

"Que todas las naciones acepten y acaten el magisterio de la Iglesia y disfruten de los bienes que en esta buena nueva se les ofrecen"

 

Lo que demuestra la historia es que lo que es una estructura de pecado es la aplicación que se ha hecho y se hace de la doctrina del mal menor; el funcionamiento, el camino, la dinámica del mal menor.

Monseñor Munilla no está contra las doctrinas de León XIII, al constatar en su pastoral de 28.09.2014:

«El tiempo ha demostrado que por el camino del “mal menor” se termina llegando al “mal mayor”. Jesucristo nos enseñó a apostar por el bien; no por el mal menor».

Precisamente por no seguir lo que enseña León XIII es por lo que por el camino del mal menor se llega al mal mayor.

Con el nombre de malminoristas se designa a los que aprueban y quieren el mal menor en sí mismo; como un bien, no como un mal a tolerar. Hacen suyo como tesis el mal menor. Pretenden que la tesis de la Iglesia es el mal menor. Convierten la hipótesis en tesis.

Y son los malminoristas los que van llegando a aceptar y bendecir el mal en todos sus grados y fases y son los que así lo implantan y asientan. Llaman bien al mal menor y no reafirman el bien cada vez que hay que tolerar el mal menor, sino que renuncian ya al bien mayor y censuran inquisitorialmente a los que no se olvidan del bien mayor y de proclamarlo como un ideal, cuando hay que tolerar un mal menor.

Los malminoristas piden votos diciendo: "Nosotros somos el mal menor". Y como los viejos democristianos en Italia: "Tápate la nariz y vótanos".

El Padre Orlandis enseñaba que cuando hay que acogerse al mal menor, entonces es tanto más necesario reafirmar la tesis católica.

Y lo que constata y enseña Monseñor Munilla es:

«El tiempo ha demostrado que por el camino del “mal menor” se termina llegando al “mal mayor”. La opción del “mal menor” solo puede ser acogida por un cristiano de forma circunstancial y transitoria; sin caer en la tentación de hacer de ella su “santo y seña”. Y es que… Jesucristo nos enseñó a apostar por el bien; no por el mal menor».
(Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, Carta Pastoral La voz de los sin voz, 28 de septiembre de 2014).

Una lección de san Ignacio).

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El mal funciona según la dialéctica que explicaba Lenin de dos pasos adelante y uno atrás.

 

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Así con la dinámica del mal menor cualquier mal puede ser presentado para ser aprobado por los que estén en contra incluso radicalmente, y para exigir que sea aprobado en nombre del mal menor.

Basta presentar la exigencia de que sea aprobado un mal y luego radicalizar ese mal exigido. Entonces será aprobado por todos en la versión inicial menos mala. Eso sí, los partidarios de la versión más radical, lo aprobarán como un primer paso.

La dialéctica es el álgebra de la revolución, lo dijera así exactamente Herzen o de otra manera, o no lo dijera, como le atribuye el Diccionario soviético de filosofía en alguna de sus ediciones: "Los pensadores avanzados veían en la dialéctica de Hegel «el álgebra de la revolución» (Herzen)" (Diccionario soviético de filosofía. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965).

Lo es, ciertamente.

Sin estos diez céntimos de álgebra de la revolución no se puede saber por qué siempre nos cazan como a unos pardillos y por qué nos reñía Jesús quejándose de que los hijos de las tinieblas sean más astutos que los hijos de la luz. Y es que no hay derecho a ser tan tontos.

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Un importante eclesiástico uruguayo decía que riñeron en su país la batalla contra la aprobación de la ley que legalizaba el aborto, pero una vez producida su derrota y aprobada esa ley no iban a seguir luchando por lo mismo.

Los malminoristas tras cada derrota del bien, lo abandonan con alivio hipócrita de no tener que luchar ya en su defensa.

Así se reproduce una de aquellas aporías de la antigüedad. Supongamos que en el punto de partida, frente a los que quieren que en el Estado rijan todas las normas morales tal como las enseña la Iglesia, se presentan los que pretenden que no rijan todas. Y que para que no haya conflicto, se propone que se llegue a aceptar por todos un "justo medio". Los malminoristas aceptan esto pero como un bien, no como un mal a tolerar. Hacen suya como tesis la del "justo medio".

Cuando frente a ellos se vuelve a exigir el rechazo de esa nueva postura subdividida y devaluada, los del "justo medio" aceptarán por lo mismo renunciar a la mitad de su tesis intermedia. Y así sucesivamente llegarán a imponer como tesis y como un bien la división por dos elevado a ene de la tesis católica. Es decir llegarán al mal mayor. Eso sí, bendecido por ellos como tesis y desde el poder, incluso invocando la autoridad de León XIII, citando el trozo de la Libertas que habla del mal menor con la omisión de que no debe tomarse como un bien.

La ruptura de la aporía es que cada vez que se tolera un mal hay que rearfirmar la totalidad de la tesis católica, e intensificar los esfuerzos para hacerla aceptar voluntariamente. Y no aceptar como un bien y como tesis el mal tolerado, para ponerse a descansar, hasta que les exigen una nueva versión empeorada del mal, lo cual les lleva a trabajar para ceder sobre lo ya cedido y a perseguir inquisitorialmente a los que se resisten y aún reafirman la tesis católica.

Otra aporía es que se impone como única norma obligatoria la del mal menor. Todas las demás normas católicas o simplemente de ley natural se nos dice que son irrealizables dadas las circunstancias. La tolerancia del mal hay que cumplirla a rajatabla. En esto tolerancia cero. Esto no es irrealizable dadas las circunstancias. A la aceptación del mal menor no se le debe aplicar la doctrina del mal menor, según esta dinámica.

Pero "ellos", al no cumplir lo esencial de la doctrina de León XIII sobre el mal menor, y llamar bien al mal menor, llegan a omitir la diferencia entre bien y mal. Toman el mal como un derecho. Incluyen el mal en la lista de derechos humanos que van imaginando. Lo cual es un pecado contra el Espíritu Santo. E incluyen en la lista de lo que hay que tolerar cosas que son buenas, como la raza (véanse las leyes en vigor). Lo cual indica que son racistas, además. Porque la tolerancia es de los males. En los objetivos educativos se debería poner el aprecio de todas las razas y el aprecio de todas las personas, opinen lo que opinen y hagan lo que hagan, porque las personas son un bien, el máximo bien; y también las razas son un bien, todas son cualidades buenas accidentales de las personas. Pero los errores no son respetables. Es tolerable que se expresen hasta cierto punto. Pero ellos demuestran que no saben ya siquiera qué es la tolerancia.

Y siendo la tolerancia una virtud, sólo en un Estado confesional consecuente es posible la tolerancia del mal en la ley por fidelidad a las enseñanzas pontificias.

La dinámica del mal menor manejada con la táctica de dos pasos adelante y uno atrás, funciona según la dialéctica hegeliana, el álgebra de Lenin.

Porque en cada fase se da a elegir como posturas enfrentadas, el mal menor y el mal mayor.

El Padre Orlandis y el mal menor

La dialéctica hegeliana y la ley del aborto

Estructuras de pecado

"La paz a que aspiran los pontífices romanos, la paz que esperan del Corazón de Jesús, la paz de Cristo en el Reino de Cristo, no es aquella paz precaria y circunstancial que puede dar la diplomacia, o los tratados internacionales. No es una paz condicionada a las tristes circunstancias actuales. Esta es la paz del mal menor, a la cual es prudente acogerse, cuando no puede alcanzarse el bien mayor. Será una paz que un pontífice romano admitirá prudentemente, como la habrían admitido tantos pontífices romanos. Pero no es la auténtica Pax Romana: la paz de Cristo en el Reino de Cristo".
(Ramón Orlandis, SI:
El arco iris de la «Pax Romana»).